La idea de un lago: Ordenando el álbum de las imágenes difusas

Por Sergio E. Cerecedo

 

Hace un tiempo me decía un amigo fotógrafo que uno de los lugares comunes a la hora de elegir un tema para realizar una película documental es el registro de la vida y testimonios de algún familiar que está perdiendo la memoria. Y es que sí, la inquietud por la memoria propia, familiar, social y estructural que podemos tener desde antes, pero que sobre todo pega a nuestros tiempos, es la base y motor emocional de muchos relatos. Así, igual que en “Abrir Puertas y ventanas” (2012), Milagros Mumenthaler (Buenos Aires, 1977) indaga aquí en la construcción de esa memoria propia, en la identidad creadora de imágenes y que a su vez busca lo que le falta a través de imágenes físicas que puedan reestructurar un poco de su mente y su vida presente.

 

La premisa nos lleva a la actualidad de Inés, una fotógrafa en camino de la publicación de su primer fotolibro; se está separando de Pablo en términos cordiales, y en esos iguales términos lleva su embarazo con la consigna de criar al bebé en camino juntos pero separados, se acompañan en lo relacionado con el cuidado de éste, pero ya sin ser pareja. Inés, su hermano Nicolás y su madre llevan una relación con subidas y bajadas, en un entorno de una desaparición nunca aclarada del padre y con la llegada de una posible solución forense a la incógnita del paradero, pues su desaparición se dio en los setentas durante conflictos políticos. La relación de los tres adquiere nuevos matices y los lleva a una confrontación personal respecto a lo añorado del pasado, lo no tan bien recordado y qué papel tendrá en el presente, si se conservará o se irá como en una venta de garage.

 

La historia brinca entre los pasados de la infancia y adolescencia de Inés y Nicolás y por ende la adultez temprana de su madre, sus estancias en una casa de campo con los primos y con el pLeer más

Te doy mis ojos: la entraña detrás del golpe

Por Sergio E. Cerecedo

 

Muy a menudo con los dramas en cine, televisión, radio, novela y demás narrativas sucede la interrogante de por qué se sigue hablando de ello, además no falta quien, al describir la trama de un audiovisual al respecto, asegure que es algo de “La Rosa de Guadalupe”, dejando en evidencia los lugares comunes, y sin voltear a ver al enfoque, la forma, el planteamiento y la manera de verlo. “Te doy mis ojos” de la española Icíar Bollaín ganó en su tiempo 6 premios goya por su dirección, guion y actuaciones; y aunque es una película que vi muy joven, ha ganado con los años por su forma que, dentro de lo que el tema lo permite, desafía la obviedad sobre los maltratos, entrega personajes tridimensionales e indaga en la ira y el miedo humanos como detonadores de una violencia destructiva. El maltrato al interior de las familias y los núcleos sociales se sigue dando y, en palabras de una persona cercana, “por eso necesitamos muchos días conmemorativos al año que nos recuerden que debemos luchar contra la violencia”.

 

En sus primeros años de carrera, Bollaín fue conocida por su trabajo como actriz más que por el de directora en sus primeros años, pues cuando tenía 15 fue la protagonista de la hermosa “El sur” (Víctor Erice, 1983), y siguió actuando en otras como “Nos miran” (Norberto López Amado, 2002) y Rabia (Sebastián Cordero 2010). Pero es a partir de que se propone realizar un estudio de la obra del cineasta social británico Ken Loach y lo sigue al rodaje de “La canción de Carla” que empieza su formación como directora. En 1995 se estrena su ópera prima “Hola, ¿Estás sola?”, y para 1999 sorprende y gana el premio de la crítica en Cannes con  “Flores de otro mundo”, la narración de un peregrinar de tres mujeres de diferentes nacionalidades donde hablaba de la identidad femenina y las migraciones del caribe a España.

 

Dentro de esta filmografía, “Te doy mis ojos” fue su tercera película y la de mayor éxito crítico hLeer más

Análisis de la cinta “Otra ronda” | Sobre el alcohol como dispositivo de socialización

 

 

Por Carmina Cardiel

“Después de la primera copa, ves las cosas como te gustaría que fueran.

 Después de la segunda, las ves como no son.

Y después de la tercera, ya las ves como realmente son.

Ese es el momento más horrible de todos”

–Oscar Wilde

 

 

La filmografía del director danés Thomas Vinterberg es breve en comparación con la de directoras/es que aquí se han dado cita para el análisis de sus cintas; sin embargo, la película de la que hoy hablaremos dista mucho de tramas que tienen como eje central el uso lúdico y recreativo de sustancias y alcohol (Transpoting, Adiós a las Vegas, Rékiem for a dream, Viaje ácido, Se va como humo, Pulp Fiction, Miedo y asco en las Vegas, entre otras) y no por ello es menos recomendable.

Al contrario, luego de su estreno en Cannes edición 2020, Druk/Otra ronda, obtuvo diversos premios como: Mejor película en BFI London Film Festival, Mejor guionista en European Film Awards, Concha de plata al mejor actor en Festival Internacional de Cine de San Sebastián, Mejor director y Mejor película extranjera en 93° Premios Óscar, Mejor película extranjera en 77ª Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos y la Rosa de Sant Jordi a la mejor película extranjera en la 66ª edición de los Premios Sant Jordi.

 

Otra ronda

El alcoholismo es una enfermedad y no un vicio, cuya dependencia al alcohol deteriora la salud física y mental (…) No hay síntomas precisos, pero existen cambios notorios en el comportamiento de la persona. Quien lo padece tiene la necesidad de beber alcohol en cualquier momento y sin control, por lo que puede realizar cualquier actividad a cambio de conseguir alcohol, además de mostrar desinterés por su salud y aspecto físico, apunta el IMSS en su página principal. Sin embargo, una persona que padece de alcoholismo no siempre cumple con estas características, ya que, como toda enfermedad, va en deterioro y, por ende, es gradual.

No toda persona que padece de alcoholismo se ve deteriorada, esto siempre va a depender de la dieta y actividad física y cognitiva que lleve quien lo padece. La Asociación Civil de Alcohólicos Anónimos, institución dedicada al tratamiento psicoemocional no formal de este estigma, ha definido el alcoholismo como algo más complejo, como una enfermedad del alma; por lo que no importan los títulos ni la cartera, el padecimiento eLeer más

La Casa Belleville (Master)

Por Sergio E. Cerecedo

 

No sorprende al investigar sobre las directoras en el cine de horror que las estadísticas las siga encabezando Estados Unidos, que continúa produciendo mucho cine en general a pesar de los problemas laborales que hay dentro de la industria. Y no es de extrañarse que en una nación llena de doctrinas sobre el miedo a lo desconocido, sobre las cuales se cimenta el poder, las instituciones educativas no estén exentas de hechos atroces y cuestiones inspiradas en ello.

 

Esta película recrea un tanto cómo ese microcosmos que son las universidades puede ser opresivo para una persona cuyas condiciones personales y características no son las del sistema que impera. “La casa Belleville (Master)” pertenece a una vertiente del horror que toma los conflictos raciales —contra las personas de origen africano en específico— que empezaron a tener una oleada desde “Get Out” (Jordan Peele, 2017), tanto que este mismo director ha empezado a producir algunos filmes que van porLeer más

Petite Maman

Por Sergio E. Cerecedo

 

Entre las búsquedas y párrafos que le hemos dedicado a las películas de terror y fantasía con el motivo de la temporada de festejos a los difuntos y de recordar la mitología de nuestros países, quise dar una pausa a manera de bonus track, para ahondar en una película que también aborda el tema de quienes ya no están y de las partes del ser que también se han ido con el tiempo, recordando a la familia como un núcleo de apoyo más allá de los cánones sociales e institucionales y también con el grado de irrealidad que a veces nos gusta tanto enfocado en el deseo de conocer más de nuestros seres queridos con quienes compartimos tiempo limitado.

 

Es notable la primera secuencia donde seguimos a una niña en una habitación de un asilo de ancianos, ella ayuda a la anciana que habita ese cuarto a resolver un crucigrama, después se despide y se mueve al cuarto de al lado a despedirse también de otra señora y así sucesivamente, la cámara la sigue para finalmente llegar a un cuarto vacío donde permanece un momento antes de que su madre, que se encuentra guardando pertenencias de alguien ausente, le diga que tienen que irse. En los primeros minutos ya tenemos una muestra sutil y contundente de la ausencia y el camino para paliar lo que deja en la vida de quienes estaban cerca de ese ser que se ha ido.

 

La abuela falleció, y ahora Nelly y sus padres deben ordenar y escombrar la cLeer más

Análisis de la cinta “Frankenstein” | Sobre la importancia de nombrar la visión femenina en la literatura moderna  

Por Carmina Cardiel

 

Recientemente se estrenó en la plataforma digital más popular en LATAM y algunos cines independientes, la última obra maestra —dicen— de Guillermo del Toro: Frankenstein. La crítica le ha dado grandiosos créditos por el maquillaje y porque Quizá no sorprenda que Guillermo del Toro sea el primero en querer sacar a la creación de los sótanos del horror bizarro (…), pero demuestra su interés por humanizar el horror, llevándolo por un camino más cercano a la fantasía. Señala la Revista Rolling Stone, pero ¿Estos créditos verdaderamente habrían sido posible ser añadidos a Del Toro sin la mente creadora de su autora? ¿Por qué nadie habla de Mary Shelley como la alquimista del horror humano y quien vio como centro de partida y llegada a la humanidad?

 

Mary Shelley

Marry Wollstonecraft Shelley nació en Londres en 1797 y fue hija de la filósofa feminista Mary Wollstonecraft, autora de Vindicación de los derechos de la mujer. Su padre fue William Godwin, filósofo político y uno de los precursores del anarquismo. Hablar de Mary Shelley supone hablar del mundo basto y complejo de ideas en el que la novelista fue socializada.

El hogar de Mary era un lugar donde entraban constantemente escritores, científicos, reformistas y extranjeros politizados. Esto marcó su educación, pues aprendió a pensar críticamente desde niña. Creció leyendo literatura filosófica más que textos escolares y ella no acudió a la escuela; su “salón” fue su casa, la herencia de su madre y de su padre. A pesar de que su padre constantemente estaba más preocupado por cubrir deudas que de ser un padre presente, Mary estuvo marcada por las ideas de su madre, quien creía en la educación igualitaria, la libertad sexual y la autonomía de las mujeres.

Mary siempre sintió un rechazo social en medio de una época complicada como lo fue la victoriana, en donde la moral jugaba un papel muy importante dentro del entorno social de la burguesía de la época. Por un lado, estaban en apogeo las ideas revolucionarias francesas: libertad, derechos, secularismo. Por el otro, un fuerte conservadurismo moral tras la revolución francesa, la reacción social contra el radicalismo político, las restricciones severas sobre las mujeres y su rol social, el matrimonio como institución sacrosanta, las nuevas teorías científicas (galvanismo, anatomía, electricidad), y el cuestionamiento de la religión y de la autoridad. Mary creció entre esos dos polos: Educada para ser libre y racional en un mundo que castigaría duramente cualquier conducta “irregular”, y ella era esto último.

 

Cuando Mary inicia su relación con Percy Bysshe Shelley en 1814, rompe con todas las normas sociales: Él era un poeta radical, ateo y casado. Ella tenía 16 años, pero se monta en las alas de la vida para recorrer un camino lleno de dicha y creatividad, aunque también de muerte, aislamiento social y pobreza itinerante.  Este es el contexto justo que la inspira para la creación de —a mi muy personal punto de vista— la mejor novela de ciencia ficción —no ficción— de la historia humana: “Frankenstein”. Un personaje que nos habla sobre la marginalidad humana en medio de un mundo desolador que no es capaz de comprender el fondo del mar del devenir humano, un personaje sin lugar moral en la historia humana, un personaje que nos arroja a la cara el rechazo de la sociedad ante lo “no normativo” o lo anómico, desde un punto de vista sociológico.

 

Frankenstein

Antes de que el positivismo permeara con su rigidez y cuantificación la mirada científica de la investigación social, era común que en las mesas de discusión académica se plantearan temas sobre la condición del alma antes de poner por escrito lo que significa ser humano. Así que la Ciencia, la filosofía y la revolución, fueron el caldo de cultivo donde se creó Frankenstein.

Por otro lado, Mary estuvo marcada fuertemente por la muerte: su madre murió a los pocos días de alumbrarla, antes de que cumplieran tres años, tres de sus cuatro hijos perdieron la vida, su media hermana se suicidó, la esposa de su pareja también se suicidó, varias de sus amistades perecieron antes de los 25 años y Percy, el amor de su vida partió del plano terrenal a los 29 años. La melancolía del personaje principal de la novela no es casualidad, así como no lo es el entorno frío y oscuro en el que se desenvuelve la historia más triste escrita hasta ahora. Pero también es importante mencionar que el personaje no sólo tiene estas características humanas, sino que además atraviesa una profunda reflexión filosófica sobre el Self, la crítica social de la época y, por supuesto, la creación literaria de enorme potencia que la novela supone a través del autodescubrimiento de aquella criatura aterradora.

Mary expone en un cuerpo infrahumano los parches del dolor que azotan al mundo de su época, y es que ¿Qué es la humanidad como entidad sobreviviente al ser humano como individuo y no como un todo? Esa es una pregunta obligada después de leer la novela, pienso. El personaje al que da vida el Dr. Víctor Frankenstein queda expuesto como una cosa, pero jamás como un humano y en este sentido ¡Es monstruoso! Esta sentencia me obliga a repensar entonces: ¿Qué estudiamos los sociólogos y los antropólogos, y quizás los historiadores, si no a este monstruo a disposición del lente científico social partiendo del hecho como cosa?

Sartre tiene una frase que me gusta mucho y se acopla muy bien al análisis de hoy: SOMOS LO QUE HICIERON DE NOSOTROS.  Así pues, es como podemos comprender al incomprendido personaje de Shelley: la humanidad crea todo el tiempo escenarios, ideas, realidades de las que no se quiere hacer cargo una vez que ha visto los resultados, o sea las consecuencias de sus actos.

El monstruo aprende de una familia de campesinos todo lo que debía aprender y que no es complejo, aunque la mente humana siempre lo ve así: trabajo, cuidado, amistad, educación, pero sobre todo la carga moral entre el bien y el mal. Él aprende que los cazadores no odian al lobo, ni el lobo odia a las ovejas, sino que hay que aprender a sobrevivir o te van a matar. Esta parte es muy dolorosa porque así se comporta la humanidad. No existe bondad ni maldad, solamente autoprotección ante una amenaza que dura toda la vida: la sobrevivencia. Finalmente, lo único certero en la vida de la humanidad es la muerte. Y es de llamar la atención cómo Shelley tuvo esa capacidad para comprender de manera sensible algo que jamás va a morir mientras la humanidad exista, la consecuencia de ser humanos: El monstruo que creamos jamás perece.

Así pues, es que podemos entender las guerras, el hambre, las descomposición del tejido social, el asesinato, las violaciones, la traición, la condición humana más baja: las pasiones. Nada de eso existe sin nosotros, son meras consecuencias de lo que creamos, de lo que ambicionamos, de lo que creemos que es correcto haciendo caso al impulso, más que a la razón o a las emociones canalizadas.

 

Shelley en la mirada social y luego en la de Del Toro

Casi dos siglos después de la creación de Frankeinstein, llega una mujer que también habla sobre la condición humana de una manera más teórica-política y formal: Hanna Arendt, para quien este término deriva en: 

  • Labor: lo que mantiene la vida biológica.
  • Trabajo: lo que fabrica objetos duraderos, artefactos, “mundo”.
  • Acción: lo que ocurre entre seres humanos en pluralidad: lo político.

En Frankenstein, la creación del monstruo es un acto que debería pertenecer al trabajo (fabricar algo artificial), pero Víctor lo ejecuta como si fuera labor: es algo obsesivo, biológicamente impulsado, sin reflexión ética, casi automático y vomitivo/catártico.

Lo que Shelley muestra es que Víctor confunde los niveles de la actividad humana, exactamente el tipo de confusión que Arendt ve como peligrosa en la modernidad: la técnica invadiendo espacios propios de la acción humana y del juicio político.

El experimento de Víctor, al carecer de un marco de responsabilidad y deliberación (acción), se convierte en la raíz de una catástrofe moral y social. Esto se contrapone con la idea de Arendt sobre la acción humana, cuyas características son: ocurre entre personas, implica responsabilidad ante los otros, depende de la pluralidad, es decir, del hecho de que vivimos con otros y somos vistos por otros. Y bueno, Víctor crea, a partir de su ambición por el reconocimiento fantasmal de su padre, a un ser monstruoso que va más allá de lo humano y lo infrahumano, no se hace responsable social ni moralmente.

Ante estos hechos contrastados, podríamos entonces observar cómo hay cambios en las implicaciones morales y éticas de un siglo a otro en una sociedad de constante cambio como lo es la occidental. Pero también es de llamar la atención cómo esos supuestos cambios se reúsan a la acción y siguen teniendo forma aún hoy, después de transformaciones sociales y siglos de diferencia.

Jamás hay que olvidar que Frankenstein salió a la luz pública bajo un “Anónimo” porque para la época de nuestra adelantada Mary era mal visto que las mujeres escribieran, pues este ejercicio implica acciones moralmente mal vistas para una mujer (incluso a la fecha): juergas, alcohol, risas grotescas y un submundo de las características del mundo de los hombres. Sin embargo, creo firmemente que Guillermo del Toro logró captar la sensibilidad de Shelley y adaptó perfectamente la complejidad de una mente brillante que fue azotada por las limitaciones sociales de su época. Por ello también pienso que finalmente Frankentein no es una obra que denote romance desde la mirada de Guillermo, sino que, por el contrario, el hombre supo sacar a la luz con melancolía lo que es el amor/desamor apartado de un constructo romántico y lo hizo más bien humano.

La mayoría de las adaptaciones que ha tenido la obra siempre vienen de los masculinos, acto que me conmueve y me implica incomodidad hasta cierto punto, pues creo que Shelley gritó con toda la fuerza de sus pulmones cómo se sentía ante tantas pérdidas no sólo humanas, sino auto perceptivas a partir de su época. Fenómeno que con frecuencia ocurre en el mundo de las mujeres.

 

 

 

Bibliografía.

  1. Shelley, M. (1980–1997). The letters of Mary Wollstonecraft Shelley (B. T. Bennett, Ed.; Vols. 1–3). Johns Hopkins University Press.
  2. Fernández, José Luis, (2025), “Crítica: ‘Frankenstein’, de Guillermo del Toro”, en The Rolling Stone, https://es.rollingstone.com/arg-critica-frankenstein-de-guillermo-del-toro/
  3. Arendt, H. (2005). “La condición humana” (R. Gil Novales, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1958).
  4. Arendt, H. (1961). Between past and future. Viking Press.

 

 

Huesera. Los fantasmas crepitantes de las decisiones

Por Sergio E. Cerecedo

 

Nuestro país es rico en muchas cosas, dos de ellas las puedo decir sin dudar: leyendas sobrenaturales y problemáticas sociales. En mi trabajo, en las carteleras de los cines, en las pláticas con mis amistades puedo ver que se vienen muchas películas de terror basadas en leyendas, además de lo ya estrenado y exhibido en tiempos recientes; unas exploraciones más por el lado del gore, otras por lo psicológico, una gran variedad entre la que hemos encontrado filmes que además de que llaman la atención entre el público, también han generado mucha taquilla y mucho debate. Huesera, de Michelle Garza Cervera, consiguió ser vista por mucha gente y polarizar las opiniones en años pasados, por ello vale la pena desmenuzar sus valores de producción y su exploración del tema de la maternidad y los dilemas que conlleva para el interior de las emociones de una mujer, especialmente en nuestro contexto sociocultural.

 

Valeria (Natalia Solián), una artista plástica y diseñadora que trabaja con madera, recibe la noticia de su embarazo con alegría, pero es la menos alegre de entre su círculo; Raúl (Alfonso Dosal) se desborda entre sonrisas y busca todo el tiempo proteger al futuro nuevo ser; los papás y hermanas de la futura madre ven cumplido el compromiso y sacramento para el que piensan que ya se había tardado. Y dentro de esta víspera de una anticipada y algo impuesta felicidad, un día Valeria empieza a sentirse acechada por una entidad que parece ser una mujer de cabello largo a la que difícilmente se le ve el rostro y que golpea, incendia y le hace averías que nadie cree que suceden y que paulatinamente le van alejando de sus seres queridos, preguntándose también por su pasado, su ser, deseos y la valía de aquellos aspectos, el sentido de su vida; al mismo tiempo que busca sobrevivir y proteger a su hija de todo esto, con la dificultad que conlleva hacerse cargo de un bebé en momentos emocionalmente difíciles y con poca comprensión alrededor, aunque parece tenerla un poco de una tía y su grupo, mujeres cercanas a la santería y prácticas similares.

 

Un gran acierto del planteamiento es la decisión del tono de body horror que nos recuerda que dentro de esos miedos y afecciones a partes del cuerpo, no solo se encuentran aquellos órganos que pueden ser desmembrados o mostrados con mucha sangre, sino también los órganos que representan a la mente si somos menos metafísicos y más terrenales, hablamos del cerebro y, por ende, del sistema nervioso; hay un cuerpo que atormenta porque hay una mente que lo alimenta , y esa es una idea muy interesante y bien contextualizada.Leer más

The Other Side of the Underneath

Por Sergio E. Cerecedo

 

Cuando uno se decide a escribir en serial, es decir, dar una conexión temática, temporal, personal, se encuentra con diferentes emociones en las obras de arte, que a veces uno sabe y a la vez no sabe cómo las llegó a agrupar, en el presente mes que me he decidido a escribir sobre películas en las que las directoras abordan el género del terror, sea realista, fantástico o psicológico y en esta segunda entrega, debo decir que la película que escogí desmenuzar parte por parte no es una película hecha, en los sentidos tradicionales del terror, para causar miedo, sino que está escrita y moldeada desde los peores miedos y si los transmite es porque transita y grita cada uno de ellos y las vivencias que lo originaron desde el lenguaje audiovisual de la pesadilla. Cuando la narrativa parece tener una pausa, siempre viene algo más preocupante y traumático después, la calma es pasmosa, es casi casi la metáfora del agua estancada con todo y su turbiedad.

 

The other side of the underneath brota de las inquietudes de Jane Arden (Pontypool, Gales,1927), quien como dramaturga, cineasta y activista de diversas causas decide hablar de situaciones difíciles —y por entonces tabú— a través de una película plásticamente poderosa, carente de una lógica común y a la que hay que hallarle su lado; el cual encontraremos dándole paciencia a una observación por demás incómoda en una película que toca el tema de la salud mental femenina, las formas en las que se intenta curar y readaptar a quien se considera un enfermo mental, y si estas tienen mucho, algo o nada de razón. Puedo advertir desde el principio que no podemos esperar respuestas claras ni puntuales, sino mucha reflexión.

 

Desde el principio del visionado es fácil sentir la perturbación, las reflexiones iniciales escritas en cuadros de texto, un inicio que después nos entrega tres personas mayores observando frente al mar un cuerpo flotando que se acerca a la orilla. Unos momentos después, la mujer que se eLeer más

Análisis de la cinta “C.R.A.Z.Y.” | Sobre la transformación social a partir del conflicto entre tradición y modernidad

Por Carmina Cardiel

 

Jean-Marc Vallée fue un director canadiense que alcanzó un mediano éxito con títulos como “La reina joven”, “Alma salvaje”, “El club de los desahuciados” y “Demolición”, entre otras. Se caracterizó por hacer cine de realismo emocional y naturalismo, y se nota en cada una de sus obras la búsqueda por tratar de capturar la autenticidad de la experiencia humana.

Sus películas con frecuencia tienen un tono muy realista que suele confundirse con cine “cotidiano”, con actuaciones contenidas y naturales, poca música diegética, y una cámara que se mueve de manera fluida y observacional todo el tiempo. Pero la película de la que hoy hablaremos, a mi entender, es una de sus máximas obras para el año de rodaje, la historia y la problematización de la estructura social de una familia de clase media de Quebec hacia los años 60. Esta es la historia de Zac y la búsqueda de su identidad irrumpiendo la comodidad de una sociedad en transformación.

 

De la tradición a la modernidad

Para introducirnos en la cinta, el director, Jean-Marc Vallée, decidió poner la lente en el momento en que la sociedad quebequense comenzó a secularizarse, emancipándose del fuerte control de la Iglesia católica y desde ese lugar es que nos permite entrar a una reflexión sobre la profunda transformación que se dio a partir del conflicto entre la tradición y la modernidad, situándonos así en un punto de coyuntura social debido a los cambios que en el mundo global se estaban experimentando en consecuencia de revoluciones y pequeñas revoluciones sociales del Occidente.

Zac no es un chico cualquiera, pues desde que nació estuvo marcado de forma metafórica/simbólica y física, pero también con un puente de misticismo que le atribuyen tanto la madre como una vecina asistente a las misas católicas. Ellas dicen que el pequeño puede hacer mLeer más

A girls walk home alone at night: la sangre que tenemos (o no)

Por Sergio E. Cerecedo

 

Hace 11 años causó furor entre la gente el estreno de una película rarísima que combinaba terror, fantasía, western y cine negro, la directora Iraní/estadounidense Ana Lily Amirpour, en su ópera prima, presentaba las constantes estilísticas y temas de interés que seguiría explorando en sus siguientes trabajos, los cuales le han colocado como una firme representante del género, ya que, aunque solo ha dirigido dos películas más, ha estado muy presente en el mundo de las series, dirigiendo episodios de “Castle Rock” y “El gabinete de curiosidades de Guillermo del Toro”. Sí, dirigió el obscuro capítulo de la crema embellecedora.

 

El inicio de la película nos plantea un entorno desolado y unas acciones inconexas en un terreno donde igualmente vemos animales solitarios, infancias intentando sobrevivir que un peculiar canal lleno de cadáveres que no parecen seguir la lógica de la realidad. Acto seguido, y en unas secuencias que en algo beben tanto del oeste como del fashion film inspirado en James Dean e íconos rebeldes similares, se nos introduce al  joven Arash, que busca ganarse la vida en un entorno de violencia y crimen donde las adiLeer más