The Other Side of the Underneath

Por Sergio E. Cerecedo

 

Cuando uno se decide a escribir en serial, es decir, dar una conexión temática, temporal, personal, se encuentra con diferentes emociones en las obras de arte, que a veces uno sabe y a la vez no sabe cómo las llegó a agrupar, en el presente mes que me he decidido a escribir sobre películas en las que las directoras abordan el género del terror, sea realista, fantástico o psicológico y en esta segunda entrega, debo decir que la película que escogí desmenuzar parte por parte no es una película hecha, en los sentidos tradicionales del terror, para causar miedo, sino que está escrita y moldeada desde los peores miedos y si los transmite es porque transita y grita cada uno de ellos y las vivencias que lo originaron desde el lenguaje audiovisual de la pesadilla. Cuando la narrativa parece tener una pausa, siempre viene algo más preocupante y traumático después, la calma es pasmosa, es casi casi la metáfora del agua estancada con todo y su turbiedad.

 

The other side of the underneath brota de las inquietudes de Jane Arden (Pontypool, Gales,1927), quien como dramaturga, cineasta y activista de diversas causas decide hablar de situaciones difíciles —y por entonces tabú— a través de una película plásticamente poderosa, carente de una lógica común y a la que hay que hallarle su lado; el cual encontraremos dándole paciencia a una observación por demás incómoda en una película que toca el tema de la salud mental femenina, las formas en las que se intenta curar y readaptar a quien se considera un enfermo mental, y si estas tienen mucho, algo o nada de razón. Puedo advertir desde el principio que no podemos esperar respuestas claras ni puntuales, sino mucha reflexión.

 

Desde el principio del visionado es fácil sentir la perturbación, las reflexiones iniciales escritas en cuadros de texto, un inicio que después nos entrega tres personas mayores observando frente al mar un cuerpo flotando que se acerca a la orilla. Unos momentos después, la mujer que se eLeer más

Análisis de la cinta “C.R.A.Z.Y.” | Sobre la transformación social a partir del conflicto entre tradición y modernidad

Por Carmina Cardiel

 

Jean-Marc Vallée fue un director canadiense que alcanzó un mediano éxito con títulos como “La reina joven”, “Alma salvaje”, “El club de los desahuciados” y “Demolición”, entre otras. Se caracterizó por hacer cine de realismo emocional y naturalismo, y se nota en cada una de sus obras la búsqueda por tratar de capturar la autenticidad de la experiencia humana.

Sus películas con frecuencia tienen un tono muy realista que suele confundirse con cine “cotidiano”, con actuaciones contenidas y naturales, poca música diegética, y una cámara que se mueve de manera fluida y observacional todo el tiempo. Pero la película de la que hoy hablaremos, a mi entender, es una de sus máximas obras para el año de rodaje, la historia y la problematización de la estructura social de una familia de clase media de Quebec hacia los años 60. Esta es la historia de Zac y la búsqueda de su identidad irrumpiendo la comodidad de una sociedad en transformación.

 

De la tradición a la modernidad

Para introducirnos en la cinta, el director, Jean-Marc Vallée, decidió poner la lente en el momento en que la sociedad quebequense comenzó a secularizarse, emancipándose del fuerte control de la Iglesia católica y desde ese lugar es que nos permite entrar a una reflexión sobre la profunda transformación que se dio a partir del conflicto entre la tradición y la modernidad, situándonos así en un punto de coyuntura social debido a los cambios que en el mundo global se estaban experimentando en consecuencia de revoluciones y pequeñas revoluciones sociales del Occidente.

Zac no es un chico cualquiera, pues desde que nació estuvo marcado de forma metafórica/simbólica y física, pero también con un puente de misticismo que le atribuyen tanto la madre como una vecina asistente a las misas católicas. Ellas dicen que el pequeño puede hacer mLeer más

A girls walk home alone at night: la sangre que tenemos (o no)

Por Sergio E. Cerecedo

 

Hace 11 años causó furor entre la gente el estreno de una película rarísima que combinaba terror, fantasía, western y cine negro, la directora Iraní/estadounidense Ana Lily Amirpour, en su ópera prima, presentaba las constantes estilísticas y temas de interés que seguiría explorando en sus siguientes trabajos, los cuales le han colocado como una firme representante del género, ya que, aunque solo ha dirigido dos películas más, ha estado muy presente en el mundo de las series, dirigiendo episodios de “Castle Rock” y “El gabinete de curiosidades de Guillermo del Toro”. Sí, dirigió el obscuro capítulo de la crema embellecedora.

 

El inicio de la película nos plantea un entorno desolado y unas acciones inconexas en un terreno donde igualmente vemos animales solitarios, infancias intentando sobrevivir que un peculiar canal lleno de cadáveres que no parecen seguir la lógica de la realidad. Acto seguido, y en unas secuencias que en algo beben tanto del oeste como del fashion film inspirado en James Dean e íconos rebeldes similares, se nos introduce al  joven Arash, que busca ganarse la vida en un entorno de violencia y crimen donde las adiLeer más

Análisis de la cinta “Revenge” | Sobre el género body horror como dispositivo de subversión desde una mirada violeta

Por Carmina Cardiel

 

Coralie Fargeat es una directora francesa controversial que le ha dado vuelta a la cabeza de más de un director y espectador con la manera en la que aborda el body horror desde su trabajo. Para un ejemplo claro tenemos “The substance”, estrenada el año pasado en las salas de cine, con Demi Moore encarnando una historia de horror que vivimos todas las mujeres: sentirnos desechables llegada cierta edad. “Revenge” también retrata ese sentimiento —aunque aquí la edad no es una dimensión de la trama—.

El filme que hoy nos ocupa se estrenó en 2017, pero no en la pantalla grande, sino a pedido; es decir, a través de OTT que es un servicio de televisión de paga en Estados Unidos de América. A pesar de ello, a la directora le fue muy bien con las reseñas que la crítica le hizo en aquel momento, pues, aunque el gore está muy presente en la cinta, el giro que logra darle a la historia es visceralmente emocionante.

 

La reapropiación del Body horror

 

El body horror (horror corporal) es un género de cine que tradicionalmente ha explorado la fragilidad del cuerpo, la alteración de la identidad, la invasión, mutación o deformación del cuerpo, lo cual apunta o coincide con ciertas vivencias femeninas todo el tiempo. Desde mi perspectiva, lo que Fargeat hace es reapropiarse del género, que históricamente fue dominado por visiones masculinas (¿el cine de Cronenberg les dice algo?) y usarlo para hablar desde y sobre el cuerpo de la mujer como territorio de opresión, pero también de resistencia.

Revenge es la historia de Jen, una chica joven e inexperta que se enamora, pero el hombre al Leer más

Llamarse Olimpia

Por Sergio E. Cerecedo

 

Hay una situación social que me genera personal enojo y a veces una reserva o potencial rencor hacia quienes están relacionados con el ejercimiento de cierta disciplina. Cuando la rabia puebla mi cabeza, mis emociones me gritan como en un estadio de fútbol que la peor pseudociencia de todas es la jurídica. Me irrita que no sea exacta, que todo se reduzca a buscar vacíos por dónde fregar a la contraparte en lugar de una verdadera restitución del daño a la persona o propiedad; y, sobre todo, su lentitud en llegar a la existencia. Me irritan los procesos anquilosados de contemplar mayorías y minorías en los que se les va el tomate con todo y semillas. Y en muchas ocasiones, como en la reciente legislación sobre la inteligencia artificial, acaba siendo puro punitivismo sin observación. Sí, en ocasiones la creación y reforma de leyes pareciera recogerle el cascajo muerto al crimen y tratar vanamente de hacerle autopsias.

 

En el ritmo de la vida y el mundo hay una enésima cantidad de cosas que suceden más rápido que la aplicación de la justicia: los algoritmos, las balas, las apis para estudiar qué comprar a partir de tu vestimenta, tu físico o dónde sales en tus fotos. Así, precisamente, las leyes para hacerse o modificarse muchas veces tienen que venir de los errores del pasado, de una cadena de gente afectada que se vio rebasada por circunstancias que no daban crédito a la existencia de su caso. Por lo mismo, hay hechos que el cine recopila y deja registrados, en donde nos dan cuenta de que sí hay logros palpables, que, por supuesto, necesitan que la gente tenga conciencia de los delitos y dejen de repetirlos. Que en el caso de las luchas contra la violencia de género no sea la iconoclasia durante las manifestaciones lo único que se vea, eso es solo la punta del iceberg para ver más adentro contrario a lo que los medios masivos nos normalizaron muchas veces. Por eso hoy quiero hablar de Llamarse Olimpia, ópera prima de Indira Cato.

 

La película se estructura a partir del testimonio personal de Olimpia Melo y teje una red de subtramas que vuelven hacia el argumento principal, hacia otras mujeres que vivieron casos similares. En el caso de la protagonista, ella estaba en una relación donde había patente violencia,  su pareja filtró un video de un momento íntimo de ambos, en un pueblo pequeño de un estaLeer más

Análisis de la cinta “Tenemos que hablar de Kevin” | Sobre los ROLES IMPUESTOS: madre-hijo

Por Carmina Cardiel

 

Lionel Shriver, escritora de la controversial “Double Fault”, con su séptima novela “Tenemos que hablar de Kevin” –estrenada en los estantes de librerías hace veinte años–, el cine la llevó a la pantalla grande en 2011 bajo la dirección de la escocesa Lynne Ramsay quien, por su lado, es experta en llevar la literatura a la imagen cinematográfica para hacer explotar lo que no se dice con palabras, pero que es parte de la condición humana y, por tanto, sumamente complejo.

Ambas hicieron una buena mancuerna para tocar temas que son demasiado incómodos para un mundo en donde se espera que las mujeres seamos no solamente madres, sino las mejores madres y, en consecuencia, los hijos deberán ser dichosos y productivos ante un sistema que exige demasiado para realidades que no coinciden con lo esperado.

 

Kevin como constructo de identidad en la sociedad

 

Tenemos que hablar de Kevin es una trama muy cruda desde los ojos de una sociedad que impone la maternidad como una forma de realización femenina, como si ser madres leLeer más

Nudo Mixteco: El lado rudo de las raíces

Por Sergio E. Cerecedo

 

Ángeles Cruz (2021)

Ángeles Cruz lleva una carrera larga como actriz en todo tipo de puestas en escena, desde telenovelas, hasta obras de teatro y películas, ahora nos muestra precisamente la Mixteca, esa zona de unión de cordilleras donde encontramos uno de los lugares que preservan su idioma originario y también problemas y estructuras de hace mucho tiempo, sobre lo que su autora ahonda. Ha participado desde hace unos años en proyectos como “Espiral”, de Jorge Pérez Solano, que también retrataba una población Oaxaqueña, y teniendo en su haber como directora cortos como “La carta” entre otros que exploran los ejes temáticos que llegaron hasta esta primera película de su carrera.

 

Para este proyecto, Ángeles ha comentado en varias entrevistas que el punto de partida para la estructura fue basarse en monólogos de personaje, y se nota en el trabajo de dramaturgia cómo cada rama de la historia tiene su énfasis en una idea, teniendo en común la visión de tres mujeres que por tomar caminos que son impopulares o incómodos para pueblos de formación tradicional con base en el sincretismo católico, que incorporó el santoral a las creencias, enfrentan señalamientos públicos, rechazo de sus familiares o hasta en algunos casos odios dignos de crímenes en su contra.

 

En el primer segmento vemos la vuelta de María a su pueblo que es amarga por las circunstancias, acusada de no cumplir las obligaciones hacia su mamá, ahora fallecida, la búsqueda de una vida independiente y lejos no es buen vista. A ello se suma el rechazo de su papá, por estas cuestiones también viene una confrontación con su preferencia sexual, que su papá señala como causa de la enfermedad y muerte de su madre, aunado su amor hacia otra chica con la que creció y su disyuntiva para consumarlo.

 

La segunda historia nos pone como punto de partida el regreso al pueblo por parte de Esteban, que busca a su familia después de años de haber migrado, regreso que se da en los días de una fiesta patronal distintiva de la región. Tras echarse unos tragos tocando con su compadre, enfrenta casi a manera de cruda moral un hecho que le causa disgusto y le hace ver que su realidad personal y familiar ha cambiado, a lo que demanda una asamblea en el pueblo para pelear por lo que le parece justo,  en la cual los usos y costumbres deciden de qué manera las cosas cambiarán o seguirán, el seguimiento del resultado y los hechos.

 

En la tercera historia, Toña, una comerciante, igualmente regresa a casa de su mamá por su hija para encontrarse con circunstancias difíciles, con un mal social que ella enfrentó y que ahora la niña enfrenta, que en su momento no resolvió y que pinta para dejar una fractura en la relación con ella como la que la misma Toña tiene con su madre, enfatizando la permisividad social hacia quien tiene el poder por las cualidades con las que ha nacido, en este caso, el poder y prioridad que sigue teniendo el hombre.

 

En la narrativa de las tres historias podemos ver también que esas decisiones difíciles se acrecientan por la necesidad económica contrapuestas a las convicciones propias o a los valores con los que la persona ha crecido. Vemos tres retornos en diferentes circunstancias, unos para quedarse y otros que apuntan a ser la última visita al lugar, un rompimiento con el pasado que puede marcar el presente y futuro de las personas.

 

Al sentirse dentro de estas problemáticas en mucho ayuda el reparto, encontrar caras y expresiones que representan etnias y regiones mucho tiempo excluidas del cine, mezclando actrices experimentadas con personas que no están familiarizadas con la actuación, con ello tiene un mérito importante la dirección en el sentir de este conjunto, llevando a buen puerto una decisión arriesgada, rostros conocidos del cine nacional, como Noé Hernández en un dueto actoral muy fuerte con Aída López en escenas difíciles y dolorosas, así como también el contraste de firmeza y ternura que hay en los personajes de Sonia Couoh y Eileen Yáñez. En lo personal, el segmento de ellas dos me conmueve en particular por darnos cuenta de la fortaleza de la mente más allá de los estereotipos de la fuerza física, Piedad y María, con su carácter diferente, defienden una idea de vida y se aferran a ella.

 

También ayuda mucho a esta cercanía la intuición y conocimiento que desde el guion se demuestra de los pueblos de la región explorada y de México en general, la visión común de los lugares donde todos se conocen, donde la mayoría de gente joven y con fortaleza física se ha ido y donde la organización social y política puede dejar en evidencia nuestros errores y falencias de la manera más humillante. Las raíces étnicas y sociales tienen cosas bellas, únicas, rasgos de identidad que nos generan pertenencia, pero también rigidez en conceptos, en creencias, que nos pueden dejar fuera a pesar de sentir amor y arraigo por la tierra en donde nacimos, y ese es el punto que enfatizan las tres partes.

 

Otra cosa importante de la película es el uso de las secuencias de montaje acompañadas por música que no es un adorno sino una contextualización del espacio donde se desarrolla la historia. Mientras Esteban toca el clarinete con su compadre, podemos ver imágenes demostrativas de cómo se realiza una mayordomía por parte de la comunidad en la fiesta a un santo, ofreciendo comida y bebida libre a la gente, que una persona o familia acepta donar o para la que el pueblo coopera y ofrece lo que puede. También en el entierro del papá de María, el acompañamiento de una banda de viento y su sonoridad guía la marcha y contrasta con los rostros de tristeza y soslayo de la familia de la fallecida.

 

La fotografía nos permite sentir la naturaleza del lugar, hay recorridos de las dunas arenosas del pueblo donde las texturas son muy bellas y significativas, realzando tanto la aridez como la fertilidad. En especial, me parece muy interesante la manera de iluminar las tomas nocturnas, destacando siluetas y miradas con un toque muy especial, la corrección de color destaca los tonos ocres y amarillos. Filmada en gran parte en Tlaxiaco, Oaxaca y sus comunidades, la cámara muestra la geografía de manera íntima y sin exotizar a las personas.

 

En un país donde hemos visto durante varios años ejemplos de narrativa fragmentada, historias que se entrelazan, es decir, tenemos muchos referentes de puestas en cámara y propuestas de edición, comparada con la mayoría de ellas, “Nudo Mixteco” lo hace con naturalidad. Aquí el recurso que usa es darnos dos perspectivas del mismo hecho, donde captamos la interacción de las protagonistas de las tres historias en una plática que es tan cotidiana y casual que funciona para ver cómo los momentos nos unen circunstancialmente en un momento y lugar, y nos guían a tres temas comunes en dichos núcleos sociales, quien protagoniza y tiene la palabra un día puede ser esporádico al otro.

 

En la parte sonora, las bandas de viento que podemos ver y escuchar en varios momentos de la película refuerzan el carácter y temperado de la música de esa región, siempre diegética, ya que es una película que elige afortunadamente prestar más atención al espacio, no llevar piezas instrumentales en exceso sino escuchar, a las voces, los tumultos y murmullos, y que nosotros podamos también ser parte y dejarnos llevar por los diversos momentos de la sonoridad del pueblo.

 

 

Análisis de la cinta “Nadie sabe” | Sobre las infancias como constructo olvidado de las sociedades modernas

Por Carmina Cardiel

 

Hirokazu Kore-eda es un director japonés que se destaca por los temas profundamente sociales que acarician la condición humana con tal sutileza que puede proyectarlo en su filmografía, que también abarca cine documental. Y es que no está de más mencionar que el director, antes de hacer cine, quiso ser novelista. Quizás de ahí venga su naturalidad para contar y conmovernos con sus tramas.

En 2018 nos conmovió con la película “Manbiki Kazoku”/“Asuntos de familia”, misma con la que ganó el premio Palma de Oro en el Festival de Cannes de ese mismo año. La trama va de la configuración social de la familia no parental y tiene, como en casi todas sus cintas, esa arista desde donde se puede observar al mundo desde los ojos no solamente adultos, sino desde la mirada de las infancias. Si no la han visto aún, ampliamente les recomiendo que vayan a buscarla. Entre los títulos destacados de su largo trabajo podemos encontrar:

2023 – Monstruo, 2013 – Soshite Chichi ni Naru (De tal padre, tal hijo), 2011 – Kiseki (I wish; en español: Milagro), 2008 – Still Walking (Aruitemo aruitemo), 2004 – Nadie sabe (Nobody Knows) y, de este último título es del que platicaremos hoy en el análisis de #ButacaVioleta.

 

En medio de una isla tan grande como la Ciudad, nadie sabe

Nadie sabe narra una historia construida a partir de hechos reales ocurridos en el centro de Tokio, una de las ciudades más densamente pobladas del mundo, en un entorno donde paradójicamente reina la soledad. Desde el inicio de la trama el director no permite que te apartes de la vida de cuatro niños que viven ocultos en un pequeño apartamento de Tokio, abandonados gradualmente por la única persona a su cargo. La cinta aborda con sutileza y profundidad una problemática estructural: la invisibilidad de los más vulnerables dentro de sociedades urbanas modernas, aparentemente funcionales y desarrolladas.

Desde una mirada sociológica, la obra permite explorar la descomposición del núcleo familiar, la negligencia institucional, y la forma en que la exclusión social se manifiesta incluso en contextos de aparente prosperidad. Nadie sabe es un gran título para una historia que bien podría estar ocurriendo enfrente de tu casa, pero como prefieres no lidiar con, ni conocer a tus vecinos, puede que también seas parte de la indiferencia social que azota a nuestras sociedades actuales.

Los vecinos, la casera y los transeúntes no advierten la presencia ni Leer más

La negra Angustias: Matilde Landeta y la desmitificación de estructuras

Por Sergio E. Cerecedo

 

Con los movimientos sociales de la actualidad se han puesto en la mesa nombres que antes no se escuchaban tanto en las masas, debido a muchos factores: ignorancia, sesgos, que pertenecen al pasado, y mil y un razones más. Es ahí donde la figura de Matilde Landeta y su lucha es emulada en movimientos por la igualdad y en contra de la violencia de género, además, gracias a esa representatividad que los grupos de mujeres encontraron, el público en general, y que no está del todo consciente o al corriente de estas causas, puede saber del trabajo, figura e importancia de esta cineasta.

 

Matilde en el medio cinematográfico crece primero como continuista en El Prisionero 13 (Fernando de Fuentes, 1933) y asistente de dirección de varias películas de la época del cine de oro con directores como Ramón Peón, camino que le permitió aprender de diferentes géneros y formas de filmar. En su carrera encontramos tanto películas enmarcadas en la revolución y en las luchas armadas como dramas sobre el trabajo sexual y la vida en las ciudades (Trotacalles, 1951), y eso sí, adaptaciones literarias. Su interés por el teatro y la literatura siempre fue tal que llevó un par de novelas al cine, entre ellas está la película que hoy analizamos, devenida de la novela de Francisco Rojas González

 

Por cuestiones de género y política, Matilde estuvo relegada y censurada de la dirección durante muchos años, lo que no le impidió estar de cerca en la parte administrativa y sin dejar de escrLeer más

El secreto de Romelia

Por Sergio E. Cerecedo

 

La década de los ochenta vino con muchos cambios para la industria del cine mexicano, como la llegada del video casero, la decadencia del género de la sexycomedia y, con ello, las disyuntivas entre lo que el público quería ver, debido a la debacle de los géneros cinematográficos populares. También es la época donde más que nunca se sustituyen los productos nacionales por los extranjeros. Y es en esta época que se vive la consolidación de la comunidad estudiantil egresada de las dos primeras escuelas de cine públicas en el país: el CUEC ahora ENAC, y el Centro de Capacitación Cinematográfica.

 

De esta última encontramos entre las directoras formadas ahí a Busi Cortés (1950-2024), quien rueda su ópera prima en una década con dificultades para las propuestas autorales. Además de su larga carrera como documentalista y directora de programas de televisión, ostenta logros como ser la primera estudiante del centro de capacitación cinematográfica en recibir el apoyo para la producción de su ópera prima, como alumna graduada de dicha escuela, un programa que dio oportunidad a través del esfuerzo de que estudiantes fueran cabezas de área por primera vez o de ser asistentes y recibir entrenamiento de maestros expertos.

 

Busi Cortés (1988)

La maestra Busi siempre tuvo una visión de la demostración de la fuerza femenina, de la lucha en contra de las pretensiones sociales y del mostrar los resultados de la represión y el peso de los roles de género en la vida de las personas. De los duros tiempos de represión que atestiguó de las circunstancias hacia las mujeres construye personajes complejos, imperfectos y que ni buscan ser un ejemplo ni tampoco se conforman con el yugo social que imponen sus decisiones, especialmente devenidas de sus sentimientos.

 

Y precisamente esa conexión en temáticas le llevaría a adaptar las letras de Rosario Castellanos, otra gran defensora de la tridimensionalidad en la visión Leer más