Por Leidy Viviana Padilla Márquez[1]
La salsa no es solo un sonido que emerge del Caribe, es un modo de estar en el mundo, una forma de conjurar la adversidad con ritmo y cadencia. Nacida del mestizaje y la diáspora, su esencia encarna una resistencia que no se limita a soportar el infortunio, sino que lo transforma en arte, en movimiento, en celebración. Este ritmo de las Antillas no es solo una expresión cultural, es también un saber que se inscribe en el cuerpo y la memoria de quienes la viven. En cada clave, en cada golpe de conga, se articula una filosofía que dialoga con algunas de las más profundas reflexiones sobre la existencia humana. ¿Qué nos dice la salsa sobre la condición humana? ¿Cómo su cadencia refleja la tensión entre el destino y la libertad? Al igual que el estoicismo y el existencialismo, la salsa propone una respuesta ante la tragedia: si la vida es incierta, si el dolor es inevitable, entonces solo nos queda el acto radical de bailar sobre nuestras propias ruinas, de encontrar en el movimiento una afirmación desafiante de la vida misma.
El estoicismo, nacido en la Grecia helenística, nos enseñó a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no, el destino es inamovible, pero la virtud radica en nuestra respuesta ante él. Y, en la salsa, esa respuesta no se limita a resistir, se convierte en una celebración de la vida misma, en un acto de transgresión frente a lo que parece inmutable; con sabor y cadencia, genera su propia filosofía, un saber caribeño nacido en esas calles que no se someten al destino, sino que lo reconfiguran y lo subliman en movimiento.
Esto se percibe claramente en las letras de Héctor Lavoe en el “El día de mi suerte”: “Cuando llegará el día de mi suerte, Sé que antes de mi muerte Seguro que mi suerte cambiará...”
Este canto no es solo una espera pasiva, es una invitación a la perseverancia, aLeer más











Acercarnos a la obra de Fanny Buitrago supuso una sensación de gozo al descubrir sus estrategias narrativas que suelen romper con lo predecible, lo esperado dentro del desarrollo de las historias. La experiencia de leerla suscita mucha expectativa sobre los cierres de los cuentos, ya que siempre me sorprendieron, y eso como lectora se agradece. Un placer que brota también al notar que hay una apuesta meticulosa por la construcción de una unidad interconectada a profundidad. El vacío fue el punto de partida, no querer sentir lo que me proponía Fanny. Negarme a conectar con lo que ha dolido por su proximidad. Las espinas que atacan desde afuera, que no se parecen a las del amor, no son buscadas y llegan desde el contexto macroeconómico y político. Hay una desesperanza y un constante estar respondiendo a aquellos que llegan y modifican el paisaje. También, a través de sus cuentos, me sentí con la libertad de ser fea desde la libertad de encontrarme yo, de tener el derecho a ser protagonista desde este cuerpo, desde esta piel y con este sexo, porque Fanny entrega personajas en las que podemos mirarnos más allá de que esto sea una frase hecha, utilizada ya con ligereza frente a nuestro encuentro con autoras. Sus personajas no son esperpénticas, solo son, ocurren con sus cuerpas algunas veces grandes, de las que Fanny decide hacernos ver su tambaleo.
En esa misma línea, desde que leo a mujeres tengo el deseo de encontrarme personajas siendo protagonistas en las historias. Aunque no aparecen tan palpables en los primeros cuentos, me dio mucha alegría leer a mujeres fuertes guardianas de sabiduría y memoria. No sé si es el objetivo de Fanny, pero su obra también me despierta una especie de rabia histórica con lo que cuenta, y lo cierra perfecto con lo que yo interpreto como una justicia también de carácter histórico. Entonces, leerla deja una sensación de tristeza, es como leer lo que ha pasado a lo largo del tiempo desde el colonialismo y lo que está sucediendo en la actualidad; Fanny nos muestra el desastre que provoca el capitalismo y del que muchas veces no nos damos cuenta. Así, el trabajo de Fanny como autora, en Bahía Sonora, nos muestra una memoria colectiva e histórica, y lo que según es el progreso, a costa del despojo. En ese sentido, sus posicionamientos políticos están presentes en todos los cuentos, en unos más patentes que otros, pero siempre allí. Dejándonos ver quién es ella en torno a la colectividad en donde creció. Para mí como lectora es importante saber de dónde par


