La negra Angustias: Matilde Landeta y la desmitificación de estructuras

Por Sergio E. Cerecedo

 

Con los movimientos sociales de la actualidad se han puesto en la mesa nombres que antes no se escuchaban tanto en las masas, debido a muchos factores: ignorancia, sesgos, que pertenecen al pasado, y mil y un razones más. Es ahí donde la figura de Matilde Landeta y su lucha es emulada en movimientos por la igualdad y en contra de la violencia de género, además, gracias a esa representatividad que los grupos de mujeres encontraron, el público en general, y que no está del todo consciente o al corriente de estas causas, puede saber del trabajo, figura e importancia de esta cineasta.

 

Matilde en el medio cinematográfico crece primero como continuista en El Prisionero 13 (Fernando de Fuentes, 1933) y asistente de dirección de varias películas de la época del cine de oro con directores como Ramón Peón, camino que le permitió aprender de diferentes géneros y formas de filmar. En su carrera encontramos tanto películas enmarcadas en la revolución y en las luchas armadas como dramas sobre el trabajo sexual y la vida en las ciudades (Trotacalles, 1951), y eso sí, adaptaciones literarias. Su interés por el teatro y la literatura siempre fue tal que llevó un par de novelas al cine, entre ellas está la película que hoy analizamos, devenida de la novela de Francisco Rojas González

 

Por cuestiones de género y política, Matilde estuvo relegada y censurada de la dirección durante muchos años, lo que no le impidió estar de cerca en la parte administrativa y sin dejar de escrLeer más

Una lengua peligrosa

Cosas que hay que decir sobre Todo era por ser fuego de Roberta Marrero

 

Por Diego Medina

 

Con cariño para Sergio Caballero, quien tuvo a bien facilitarme su ejemplar de esta obra

 

¿Cómo se habla de la diferencia? Es decir, ¿cómo se habla de aquello que no es visible a nuestros sentidos ni sensible a nuestras intuiciones? Durante mucho tiempo, hasta ayer todavía, se vivía como si la experiencia trans no tuviera nada que decirnos del mundo. Se daba por sentado que las y los trans eran una raza de humanos averiados, susceptibles del odio y de la lástima. Pero esto ha ido cambiando poco a poco y cada “Maricón, trava, puto, cáscara amarga, joto, loca, palomo, cojo, travesti, bujarrón, marica, fuego, sida, medio hombre, media mujer” ha ido reconociendo en su voz una manera diferente/nueva de decir muchos mundos.

 

Una de esas voces habló por última vez el 7 de mayo de 2024 para dejarnos un mensaje desde las entrañas de la experiencia trans: “Los amo a todos”. Roberta Marrero se suicidó en su departamento de Madrid y dejó una nota con este mensaje a sus deudos y a sus fans, pues la escritora también había sido DJ, actriz y artista plástica. El libro que hoy nos convoca fue publicado en 2022, pero el sendero de sus palabras se nos revela como un testamento de paz y lucha para los dolientes del mundo, para lxs heridxs, para los marginadxs y, desde luego, una confesión de plenitud ante la vida. No había nada a lo que Roberta le tuviera miedo. Excepto tal vez a la falta de amor: “Me pregunto, dónde está la tumba de nuestro amor […]  Una cosa es segura. Es una tumba sin flores”.

 

No quisiera dedicar estas páginas a hablar in memoriam de, me parece que la tarea ha sido muy bien abordada por amigos y periodistas. Por el contrario, quisiera compartir mi asombro ante algunas de las líneas que más me han conmovido en lo que va del año. Hay momentos en que los poemas de Marrero pecan de “simplicidad”, de, digámoslo así, ir desnudos o estar crudos, así como la repetición de temas e imágenes a lo largo del poemario —serán frecuentes las referencias a Santa Teresa, a Lemebel, al derrumbamiento de la dicotomía hombre-mujer, el culto a la diosa femenina, etc—. No obstante, la lengua de Marrero vibra como reflejo de la autenticidad desde la que escribía nuestra autora.

 

No son pocos los poemas que relucen como diamantes en la pedrería de una noche trans, destacan “Proletariado del amor”, “Navajas”, “Desde el silencio” y “Cuerpo trans”. La poesía de Marrero orbita lo político y lo privado con la lucidez de quien ha vivido la victoria de ser ella misma: “Uso la palabra travesti porque es más pictórica, más poética, más salvaje, menos médica, menos complaciente. / Suena a lumpen, a peligro, a furtiva, a una estrella del Music Hall / ¿Quién quiere ser solo una cosa cuando puedes ser miles?”

 

Sin embargo, hay espacio en esta entereza para las contradicciones, materia del ser humano, la complejidad, el oxímoron, lo edgy, la antítesis, es una fuente barroca de la que abreva nuestra autora, con la sensualidad suicida de quien no tiene nada que perder en esto del deseo y del amor, por ejemplo: “Quisiera tu flecha en mi corazón, quisiera hacer el amor pero las proscritas solo tenemos la soga al cuello, nunca nos besan”  o “Gracias por la violencia, por la arrogancia, por tu opinión, realmente la necesitaba como un chuchillo necesita una pistola”.

 

La “militancia” de sus versos, por otra parte, no se reduce a la experiencia política —aunque “las travestis hasta dormidas son políticas”, como ella misma expresa en otro verso—, sino que hay una militancia por y desde la ternura. No desde la lente cursi de lo romántico, sino desde la perspectiva trans, una perspectiva que clama por la igualdad desde la herida: “Una vida como la tuya querido lector lectora cis”. La poesía de Marrero nos abre una ventana a un mundo diferente, que había permanecido invisible para quienes no sospechaban que detrás de la experiencia trans hay un jardín y una tormenta. Como lo dice la propia Roberta: “Soy una cosa visible a través de otra”. A todo esto, ¿cuál es el peligro detrás de la poesía de Roberta? Pues que después de leerla nos dé curiosidad de leer a más poetxs trans. El de no poder volver a ver las cosas de igual manera y de que el horizonte se nos haga más ancho. Es decir, lo peligroso de Roberta es que nos deja con ganas de más.

 

Antes de hablar de nimiedades, materiales, costos y demás, es importante hablar de la portada; una fotografía de la primera comunión de Roberta —antes de transicionar, desde luego— sirve como portada. Un detalle no menor en un poemario que poetiza la identidad, la transición, lo invisible y lo político de una, también, artista plástica. El precio de este libro ronda entre los $400 y los $800 pesos en compras en línea. Nuestra calificación para esta libro —que es de mis favoritos del año— es de 4.6/5.

 

En Poder Descanse Roberta Marrero

 

 

El secreto de Romelia

Por Sergio E. Cerecedo

 

La década de los ochenta vino con muchos cambios para la industria del cine mexicano, como la llegada del video casero, la decadencia del género de la sexycomedia y, con ello, las disyuntivas entre lo que el público quería ver, debido a la debacle de los géneros cinematográficos populares. También es la época donde más que nunca se sustituyen los productos nacionales por los extranjeros. Y es en esta época que se vive la consolidación de la comunidad estudiantil egresada de las dos primeras escuelas de cine públicas en el país: el CUEC ahora ENAC, y el Centro de Capacitación Cinematográfica.

 

De esta última encontramos entre las directoras formadas ahí a Busi Cortés (1950-2024), quien rueda su ópera prima en una década con dificultades para las propuestas autorales. Además de su larga carrera como documentalista y directora de programas de televisión, ostenta logros como ser la primera estudiante del centro de capacitación cinematográfica en recibir el apoyo para la producción de su ópera prima, como alumna graduada de dicha escuela, un programa que dio oportunidad a través del esfuerzo de que estudiantes fueran cabezas de área por primera vez o de ser asistentes y recibir entrenamiento de maestros expertos.

 

Busi Cortés (1988)

La maestra Busi siempre tuvo una visión de la demostración de la fuerza femenina, de la lucha en contra de las pretensiones sociales y del mostrar los resultados de la represión y el peso de los roles de género en la vida de las personas. De los duros tiempos de represión que atestiguó de las circunstancias hacia las mujeres construye personajes complejos, imperfectos y que ni buscan ser un ejemplo ni tampoco se conforman con el yugo social que imponen sus decisiones, especialmente devenidas de sus sentimientos.

 

Y precisamente esa conexión en temáticas le llevaría a adaptar las letras de Rosario Castellanos, otra gran defensora de la tridimensionalidad en la visión Leer más

La visibilización trans en disputa: los casos de Razzia Santillán y Camila Aurora

Por Diego Medina

 

Hablar de lo que uno vivió exige hablar más allá de filias y fobias, pues no se puede ser honesto consigo mismo si no se trata de recordar las cosas tal y como fueron. Aunque desde luego esto no quiere decir que uno esté en busca del santo grial de la imparcialidad. Sino que recordar es un ejercicio de reconstrucción, un buscar alfileres con las luces apagadas. La memoria también es un ejercicio de olvido. Quizá no todos somos conscientes de que, así como nos esforzamos por recordar, también nos esforzamos por olvidar ciertas cosas.

 

Hoy en día hay dos casos paradigmáticos del activismo trans en México, específicamente en CDMX. Por un lado, Razzia Santillán, fundadora de la extinta Tianguis sexosidisidente y del actual Clan Mariposas Negras, el cual mantiene una protesta económica en la llamada CINETERFA. Razzia Santillán ha sido perseguida, hostigada y ahora enfrenta una demanda que las autoridades culturales han iniciado para exigirle a Razzia una suma de 200, 000 pesos en concepto por daño a las instalaciones de la CINETERFA. La información respecto al caso se puede profundizar en las redes sociales del Clan de Mariposas Negras, así como en la docena de artículos que se han escrito sobre este atropellamiento. Sin embargo, Razzia no está sola, ha recibido el apoyo de algunxs figuras relevantes de la comunidad LGBTTTIQ como Fabián Chairez, VIHVE Libre, Casa de las Muñecas Tiresias, Museo de Arte Transfemenino, Luisa Almaguer, Kenya Cuevas, entre otras.

 

A pesar del apoyo que el trabajo de Razzia recibe, las autoridades insisten en su demanda. Los motivos apelan más a la política que a la justicia. No olvidemos que el próximo año se “celebra” el Mundial de Fútbol en nuestra ciudad. Así, el acoso a Razzia se debe entender bajo la lógica de la limpieza social. El Estado nunca estuvo interesado en reponer el daño que Razzia sufrió, no sólo al ser expulsada de los baños de mujeres, por no ser una “mujer de verdad”, sino por la exposición tránsfoba a la que ha sido expuesta, la cual sólo crece día con día. ¿Cuándo va a parar el acoso?, ¿cuándo Razzia muera? ¿cuándo se desarticule la resistencia trans’ ¿cuándo se retire el tianguis de protesta económica? No, el acoso que visibiliza Razzia no sólo es el que vivió aquel 2023, sino la guerra civil que el Estado ha declarado contra la sexodisidencia, en especial contra el colectivo trans, cuya esperanza de vida ronda los 35 años.

 

La lucha de Razzia visibiliza un odio sistemático, que encuentra sus ecos en, por ejemplo, una policía negándole la entrada al vagón exclusivo a una mujer trans. Hecho ante el que una multitud de activistas se organizó para manifestarse en contra de dicho acto de discriminación. Entre las convocantes estuvo Camila Aurora, directora del cortometraje Johanne Sacreblu (2025), parodia de la multiodiada Emilia Pérez (2024). La directora de cine se volvió referente de la comunidad trans por su respuesta satírica a la cinta cliché de Jaques Audiard. Fuera de las valoraciones que podamos hacer al trabajo de Camila Aurora —su único mérito fue ser más vomitiva que la propia Emilia Pérez—, este personaje guarda mucho más en común con “el manitas” de lo que su público se imagina.

Camila Aurora fue una de las protagonistas de la decadencia de La Tianguis Sexodisidente. Fue ella quien se encargó de expulsar a Razzia Santillán y a otras de las fundadoras de esta iniciativa. Ella negoció con los dealers locales para culminar la transformación de La Tianguis Sexodisidente en un punto de tolerancia. Fuera de los estigmas que giran en torno al consumo, lo cierto es que Camila Aurora y su círculo prefirieron unirse al narco de la CDMX, en detrimento de su propio colectivo. Desde luego, no hablamos de las ligas mayores, sino de un acuerdo por el espacio que había en la Glorieta de Insurgentes.

 

Es cierto que en La Tianguis había consumo, prostitución, violencia entre vendedorxs —no en pocas veces se llegó a los golpes—, envidias, resentimientos, celos, abusos afectivos, etc. Pero lo que hizo Camila Aurora fue vender cualquier posibilidad de futuro de La Tianguis. No escribo en contra del colectivo 420 aunque los hombres —no todos los hombres, pero siempre un hombre— que llegaban a fumar a este espacio solían ser egoístas, violentos, homófobos y lo que en chilango llamaríamos “faltosos”. En todo caso, la traición vino de Camila Aurora. Aprovechó los resentimientos que había contra Razzia y otras compañeras para expulsarlas, incluso amenazándolas de muerte si volvían.

El orgullo gay, el pride y en general la historia no tienen memoria. Por eso, ahora que Camila Aurora cuestiona la identidad de una manifestante que no tiene cispassing —apariencia de cis— es oportuno recordar que esta mujer, igual que “el manitas”, llegó a tener la visibilidad que tiene gracias a sus negocios alrededor de las drogas. Su visibilización trans se debe a la anulación de otros activismos y otras identidades. Camila Aurora es una persona peligrosa que ha conseguido visibilidad gracias a que su trabajo se hizo viral, pero no es, ni por asomo, una persona que represente la lucha trans. De hecho, Camila Aurora tiene mucha transfobia interiorizada.

 

Hoy Razzia recibe el escarnio público, promovido desde el gobierno, mientras Camila Aurora se presenta como una mujer trans fuerte, crítica, creativa y rostro de la lucha trans. La memoria es un ejercicio de reconstrucción y de olvido, ¿qué tanto de olvido y memoria hay en la historia de Camila Aurora y en la historia de Razzia Santillán? Por mi parte, espero que el estado desista de su acoso contra Razzia Santillán, que haga una reparación de daño y que Camila, bueno, la verdad siempre sale a flote.

 

 

 

Caso Restrepo, una lucha incansable

Aníbal Fernando Bonilla

 

Era el ocho de enero de 1988 cuando el abuso e injusticia operó en los hermanos Restrepo Arismendy, cuando la irracionalidad y la persecución se ensañaron en contra de dos adolescentes. Desde aquella fecha, en el Ecuador, el tema de denuncias sobre atropellos a los derechos humanos tomó otro cariz, más si se trata de enfrentar con valentía a las fuerzas oscuras del poder.

 

Corría el gobierno despótico de León Febres Cordero: época de tortura, represión, encarcelaciones anómalas. Una estructura institucional dedicada a políticas represivas se fue instaurando con asesoramiento externo (confirmada la contratación del israelí Ran Gazit). El antiguo Servicio de Investigación Criminal de Policía era la olla de grillos en donde se preparaban a sicarios “oficiales” para acciones temerarias con el aval gubernamental: época escalofriante en desmedro del derecho elemental a la vida, y con ello, a la libertad de expresión y organización.

 

Varias investigaciones periodísticas y documentales surgieron de estos hechos vergonzantes, como El amor contra el poderLos Restrepo en el laberinto de la impunidad (1996), de Claude Roulet y Dora Quintero, y Caso Restrepo: crimen de Estado (1998), de Mariana Neira. En esta última obra se antepone —con rigurosidad indagatoria— la reflexión sobre la preeminencia de la vida. Santiago y Andrés Restrepo Arismendy desaparecieron sin dejar rastro alguno que permita identificar su paradero. Suceso que conmovió al mundo, que sacudió a los organismos y activistas de derechos humanos, y a la ciudadanía que voluntariamente se incorporó a la cruzada por desentrañar la verdad de esta historia desgarradora. Admiración aparte merecen el sacrificio ofrendado por sus padres Pedro Restrepo Bermúdez y Luz Helena Arismendy Díaz.

 

Diego Cornejo afirmó que “la lucha de los derechos humanos […] en el Ecuador, por la democratización de sus instituciones y de la vida pública, no podrá ser entenLeer más

El voluptuoso duelo en “Jirones del deseo” de Rubén Fischer

Por Diego Medina

 

Hace algunos meses llegó a mis manos Jirones del deseo, un poemario editado por la Editorial CCH Vallejo, de la UNAM; un libro raro, queer, musical y melódico-melancólico, en el sentido griego de la palabra, Melos: dulce, Cólicos: dolor, autoría de Rubén Fischer, quien labora como docente en dicha institución educativa. Antes de comentar algunos aspectos clave del libro, es necesaria una reflexión sobre el papel de la UNAM en la promoción de la cultura y, en específico, de la literatura.

 

Durante mucho tiempo la máxima casa de estudios —lo escribo en minúsculas muy a propósito— fue un faro de conciencia, esperanza y lucha, un motor de movilidad social y templo del pensamiento crítico. En sus imprentas se editaron libros clave de la literatura nacional, incluso hoy la revista y el concurso Punto de Partida conservan algo de aquella aureola de prestigio, producto de su audacia para publicar autores noveles, pues si bien hay esfuerzos como Vindictas o Piso 16, la verdad es que la Universidad Nacional Autónoma de México ha declinado este protagonismo en la vida cultural del país. Una tragedia.

 

Por eso me entusiasmó este poemario, porque apuesta por autores VIVOS, sin embargo, el sentimiento final fue más bien agridulce, pues si bien se nota el entusiasmo y apoyo de las autoridades involucradas por reconocer el trabajo de Fischer y materializarlo en un libro físico, también es cierto que los materiales, el diseño y el cuidado editorial deja mucho que desear de parte de la máxima casa de estudios. Un empastado más bien descuidado, un lomo pegado con bordes irregulares producto de un mal secado del pegamento y un formato que le otorga más bien apariencia de devocionario que de poemario. Esta obra merece mucho más respeto y amor que el que la modesta Editorial CCH Vallejo le pudo dar. No se tome esto como un reclamo grosero para los invoLeer más

Pechos eternos: la completud del ser escritora

Por Sergio E. Cerecedo

 

En los años cincuenta se empezó a ver con una mayor frecuencia que en las cinematografías del mundo se abriera el paso a las mujeres directoras. En el caso de Japón, y también de otros países, esa brecha se abrió principalmente por dos caminos: las guionistas que llegaron del mundo de la literatura y las actrices que conociendo el oficio frente a las cámaras se animaron a aliarse con las escritoras y escribir papeles para ellas y sus colegas. Entre ese grupo se establecieron alianzas para proponer a las producciones historias que miraran más desde el punto de vista femenino y también que dieran presencia en las películas a los temas de interés de la actualidad de ese entonces y que dieran, por supuesto, voz a las historias femeninas.

 

Una de estas actrices fue Kinuyo Tanaka, quien es recordada en grandes películas de directores reconocidos como “Cuentos de la luna pálida de Agosto” (Kenji Mizoguchi, 1961) o Barbarroja (Akira Kurosawa,1965). Tanaka empezó desde muy joven con su carrera en las artes escénicas tocando la biwa (un instrumento musical de cuerda típico de Japón) e incorporándose a un grupo musical. Obtuvo sus primeros papeles en los años 30, y en los 40´s su carrera fue tan exitosa que incluso los títulos originales de las películas eran cambiados comercialmente para ponerle su nombre con una referencia a la temática, como “El primer amor de Kinuyo”  o “Doctor Kinuyo”. Kinuyo fue entonces un ícono de una industria que crecía rápidamente a pesar de haber vivido poco tiempo antes una guerra que trajo nuevos horrores y amenazas.

 

Kinuyo Tanaka (1955)

Sin embargo, ella tenía más ambiciones que la de ser un rostro reconocido, para los años 50 empezó a dirigir  y juntó sus inquietudes con gente con quien compartía ideas e intereses. Una de sus colaboraciones más importantes fue con la creciente dramaturga Sumie Tanaka, que colaboraba con elLeer más

Análisis de la cinta “Háblame” | Sobre el terror como metáfora de lo real

Por Carmina Cardiel

Michael Philippou, Danny Philippou (2023)

Danny y Michael Philippou debutaron en 2022 con su primer largometraje “Talk to me”, luego de hacerse famosos por su trabajo como creadores de contenido y cineastas a través de su canal de YouTube RackaRacka, donde combinaban acción extrema, efectos especiales caseros y humor muy oscuro y violento. El canal se volvió viral por sus videos caóticos con personajes populares como Harry Potter o Ronald McDonald en contextos absurdos y violentos. “Háblame” está categorizada con la etiqueta de terror y recientemente se acaba de estrenar su segunda obra “Haz que se vayan”, de la cual hay muy buenos comentarios de la crítica y estamos esperando ver con ansias.

 

El horror como metáfora de lo real: La posesión

Hace casi un año, mientras escribía la reseña de “De noche con el diablo”, me preguntaba y me respondía algo que en mi pensamiento sigue vigente: ¿Por qué en México pareciera que ya no hay nada que nos asuste? ¿Qué esperamos del cine de terror contemporáneo? ¿Qué es el terror en México?

Entonces descubrí que México es el país que más cine de terror consume a nivel global, de acuerdo con Statista y su encuesta Donde el terror domina la pantalla 2023, realizada por Consumer Insights. La cinta de la que hoy vamos a platicar entra en este género tocando un problema social que en México duele quizás mucho más que en otros países en donde el uso lúdico de sustancias está regulado.

Talk to me/Háblame, de los hermanos australianos, nos lleva a la historia de terror que viven un grupo de amigos adolescentes que se encuentran en una de las etapas más difíciles de la vida: la búsqueda de identidad, la depresión, la presión social y su combinación con el uso de sustancias de forma lúdica.

Los directores se caracterizan por su visceralidad a la hora de contar sus historias, y en “Háblame” este rasgo no es diferente. La cinta establece una relación directa entre la posesión y sentirse “drogado”. Mia había visto a través de las redes sociales las fiestas de sus compañeritos del colegio, a las que nunca era invitada porque la encasillaban como “rara”, luego de una pérdida importante para ella. Cuando por fin logra estar en una de esas reuniones, ella experimenta euforia al utilizar el objeto central de dichas fiestas: una mano embalsamada que los pone en contacto directo con seres desencarnados, pero con pupilas dilatadas y comportamientos que evocan un estado alterado similar a “estar colocada”.

Estas reuniones en realidad son una especie de “rituales” con la mano, combinando risas, grabaciones móviles y aparente diversión, resaltando así el atractivo del “rush” inicial que muchas drogas recreativas ofrecen. Sin embargo, como en todo consumo, existen reglas y aquí la principal es no pasarse de los 90 segundos porque, si se supera ese límite, el espíritu podría quedarse permanentemente, algo que se compara con el riesgo de sobredosis y total adicción.

Mia encuentra en los rituales el alivio al dolor de su pérdida yLeer más

Todos fuimos al mitin | Narrativa

Por Eduardo H. González

 

¡Ahora sí, compadre, ya nos llegó el progreso! ¿Qué cómo se me ocurre decirle tal disparate? Pues si vinieron los del Partido Recumplidor e Incondicional. Por fin llegaron hasta este pueblo rascuache, y viera qué bien se expresaron de nosotros. Dijeron que somos gente bien trabajadora, y que lo único que necesitamos es una oportunidad para salir de esta pobreza. Por mis demostraciones de júbilo, compadre, porque yo fui testigo de sus promesas, por eso le digo lo del progreso, porque clarito oí con estos oídos que me acompañan desde chamaco sus palabras de aliento.

¡Claro, compadre, no es que sea yo un iluso, pero le aseguro que de sus bocas salían puras palabras llenas de sinceridad! Nomás había que ver al hombre entrado en años, el del pelo albo; vestía un traje reluciente y blanco como su cabello; y unos zapatos de puritita piel. Ese fue el que me abrazó, me dio de palmadas en la espalda nomás para demostrarme su afecto. También fue el que le regaló a mi mujer un montón de tiliches para su cocina, y comida para atiborrarnos el estómago de menos medio mes. Todo eso venía en el presente que el hombre le hizo a mi mujer. ¿Y a mis chamacos? ¡Ni se diga! Les prometió que ahora sí los iba a acercar al estudio, que les evitaría la pesadez de la ignorancia construyéndoles un lugar digno para ejercitar los pensamientos y que, de menos, de aquí salen licenciados.

Y si me pregunta por la señorita que acompañaba al hombre del pelo albo, basta decirle que relumbraba de bonita, además, era bien amistosa. Ella se la pasó acariciando a los casaderos del pueblo. Sus arrumacos les ponían tembleques las rodillas, y cuando la señorita los saludó con el beso en sus mejillas se quedaron todos atarantados de la puritita emoción. Ella también habló, con sus palabras que sonaban a música de ángeles, nos explicó sobre el asunto de las construcciones: que si una clínica donde sLeer más

María Fernanda Villanueva | Poesía

María Fernanda Villanueva es artista visual y estudiante de último semestre en la carrera de artes visuales. Su trabajo explora conceptos como la corporalidad, la memoria afectiva y las formas de resistencia desde una mirada crítica y poética. A través de soportes diversos que incluyen textiles, objetos encontrados, archivo y escritura, ha desarrollado proyectos que reflexionan sobre el cuerpo, la antropofagia simbólica, los tótems y la construcción de identidades colectivas. Su práctica se nutre tanto de la investigación como de la experiencia cotidiana, interesándose en cómo lo íntimo y lo social dialogan en el arte contemporáneo.

 

Salivando

 

 

Vienes caminando,  Ignorando sagrados ritos

Pisoteando sabios templos de amor espiritual

Largas vidas siguen  velando el sueño de un volcán

Para un alma eterna, cada piedra es un altar

Caifanes (el diablito 1990) –

 

Miedo y deseo.

Parece que estos dos sentimientos son lo único que he sentido en el

último año y medio…

 

Miedo al deseo que tengo.

Deseo por algo más que piel, por algo más que una cogida rápida en un baño ajeno.

Deseo por algo más que un buen sueldo o una familia tradicional.

 

Y miedo por todo.

La Ciudad de México me da tanto miedo que a veces no me puedo mover.

 

Me encuentro parada en una estación del Metrobús; la de Euzkaro, para ser exacta.

Voy tarde y sé que va a llover, pero mi necedad fue más fuerte: no metí el paraguas en la bolsa.

 

Voy tarde… y se me llena la boca de saliva.

Como si estuviera a punto de vomitar.

Como si algo se hubiese activado en el cuerpo sin que yo lo pidiera.

 

A veces es por una mirada que me cruza sin pedir permiso.

A veces una palabra que me nombra sin conocerme.

A veces, simplemente, caminar.

Caminar sola por la ciudad.

 

Mi  cuerpo lo hace antes de que lo piense.

Aprieta los dientes, cierra los labios, mueve la lengua hacia atrás.

Y traga.

 

Aprendí a tragar saliva antes que a responder.

 

Mi lengua se hace pequeña.

Los dientes se aprietan.

Y todo lo que quiero decir se me va hacia adentro.

 

Tragar es más rápido que pensar.

Más rápido que gritar.

 

A veces siento que estoy entrenada  para contener (me).

Que aprendí a sobrevivir tragando lo que no podía escupir:

la respuesta, la rabia, el deseo de tocar, de cLeer más