Análisis de la cinta “Otra ronda” | Sobre el alcohol como dispositivo de socialización

 

 

Por Carmina Cardiel

“Después de la primera copa, ves las cosas como te gustaría que fueran.

 Después de la segunda, las ves como no son.

Y después de la tercera, ya las ves como realmente son.

Ese es el momento más horrible de todos”

–Oscar Wilde

 

 

La filmografía del director danés Thomas Vinterberg es breve en comparación con la de directoras/es que aquí se han dado cita para el análisis de sus cintas; sin embargo, la película de la que hoy hablaremos dista mucho de tramas que tienen como eje central el uso lúdico y recreativo de sustancias y alcohol (Transpoting, Adiós a las Vegas, Rékiem for a dream, Viaje ácido, Se va como humo, Pulp Fiction, Miedo y asco en las Vegas, entre otras) y no por ello es menos recomendable.

Al contrario, luego de su estreno en Cannes edición 2020, Druk/Otra ronda, obtuvo diversos premios como: Mejor película en BFI London Film Festival, Mejor guionista en European Film Awards, Concha de plata al mejor actor en Festival Internacional de Cine de San Sebastián, Mejor director y Mejor película extranjera en 93° Premios Óscar, Mejor película extranjera en 77ª Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos y la Rosa de Sant Jordi a la mejor película extranjera en la 66ª edición de los Premios Sant Jordi.

 

Otra ronda

El alcoholismo es una enfermedad y no un vicio, cuya dependencia al alcohol deteriora la salud física y mental (…) No hay síntomas precisos, pero existen cambios notorios en el comportamiento de la persona. Quien lo padece tiene la necesidad de beber alcohol en cualquier momento y sin control, por lo que puede realizar cualquier actividad a cambio de conseguir alcohol, además de mostrar desinterés por su salud y aspecto físico, apunta el IMSS en su página principal. Sin embargo, una persona que padece de alcoholismo no siempre cumple con estas características, ya que, como toda enfermedad, va en deterioro y, por ende, es gradual.

No toda persona que padece de alcoholismo se ve deteriorada, esto siempre va a depender de la dieta y actividad física y cognitiva que lleve quien lo padece. La Asociación Civil de Alcohólicos Anónimos, institución dedicada al tratamiento psicoemocional no formal de este estigma, ha definido el alcoholismo como algo más complejo, como una enfermedad del alma; por lo que no importan los títulos ni la cartera, el padecimiento eLeer más

La ignorancia como poder: notas sobre el antifeminismo y la manósfera

Por Mikel Armenta López

No hace mucho, el feminismo pasó de ser un fenómeno poco entendido por los hombres a convertirse en el enemigo público número uno, bajo la premisa de que hoy vivimos en una dictadura: una dictadura que mezcla lo feminista, lo woke y un régimen que, según algunos, ya no permite a los hombres “ligar” como antes ni expresarse libremente —aunque se trate de discursos de odio—. Pero la creación de un enemigo no ocurre de la noche a la mañana: se construye desde diversos frentes, principalmente desde páginas o grupos de la manósfera, cuya fórmula del antifeminismo parece infalible.

Por ejemplo, el youtuber Jota Red Pill asegura que el feminismo debe combatirse a toda costa, pues —según él— promueve la “extinción” de la familia como institución social y nacional, dejando de lado modelos no tradicionales de familia: familias homoparentales, familias elegidas, familias sin padres (en muchos casos) o sin madres, e incluso familias con otros miembros no humanos como compañeros, entre otras.

¿Qué es el antifeminismo? Son ideas y narrativas que cuestionan el feminismo desde el negacionismo y la victimización masculina. La filósofa Renata Salecl, en su libro Pasión por la ignorancia, se pregunta: ¿qué elegimos saber y por qué? Si bien durante mucho tiempo hemos centrado la atención en el binomio saber/poder, hoy la relación ignorancia/poder merecer la misma atención.

Es cierto que los hombres nos vemos expuestos: el feminismo ha interpelado de manera contundente los pilares de una sociedad patriarcal diseñada desde la masculinidad. Esta sacuLeer más

‘‘Lila in Extremis’’

 ‘‘Me maquillo para esconder el gris hongo que me crece’’[1]

 

Por Laura V. Medel[2]

 

‘‘Verde, dónde te encuentras?

En qué rincón de la ciudad gris

te levantas con sueño?

 

Y a dónde voy?

 

Verde, contéstame eso’’

 

Ana María Rodas[3]

 

Pensar la ciudad. Sentir la ciudad. ¿Cuántas formas de sentipensarla son posibles? Si tan solo calculamos la cantidad de personas que a través del tiempo la han habitado (ya sea un domingo de paseo en Chapultepec o toda una vida en alguna de sus colonias), pudiera responderse que cuantas formas infinitas de árboles hay.

En mi última visita a la Ciudad de México, específicamente a la colonia Centro, posé mi atención sobre su arquitectura; iba con intención de fotografiar aquellos detalles que coronan las cumbres de los edificios, esos que solo pueden verse en un ejercicio de vuelco celeste de la mirada. Tal ejercicio terminó siendo también contemplación del verde de las copas frondosas, pero aplastadas, de árboles encontrando su límite en el roce con las fachadas grises de los edificios: el fenómeno de la yuxtaposición entre la actividad humana y la naturaleza. Ahí comenzaron mis sentipensares intencionados con respecto a la ciudad.

Coincidía por aquellos días el hecho de haber estado leyendo a Tita Valencia[4], entre los meses de abril y mayo. Un mes de abril de primavera-viacrucis (probablemente de los años ochenta o noventa), en una suerte de ejercicio de diálogo con los árboles de la ciudad, la escritora comienza a cartografiar espacio-temporalmente, en específico, a las jacarandas del Centro. El resultado: El trovar clus de las jacarandas. Publicado en 1995 por la Universidad Nacional Autónoma de México, este poema de aliento extenso, análogo a la dimensión característica de los grandes árboles, es la expresión de un sentipensar en el que se explora la relación entre historia, naturaleza —o lo que yo llamaría dendrología[5] poética— y la ciudad. En el prólogo a su libro, Tita se pregunta —y nos pregunta— con cierta angustia: ¿qué sería de la Ciudad de México si sus árboles mueren? (Valencia, 19Leer más

Criaturas que no redimen: un vistazo al bosque de Pequeñas leyendas

Por Ivannia Victoria Marín Fallas[1]

 

Fuera, fuera ojos, nariz y boca.

Y en polvo te conviertes y,

a veces, en imprudente y oscuro recuerdo.

Blanca Varela

 

Pequeñas leyendas (Taller Rural, 2025), de Félix Alejandro Cristiá, es una compilación de relatos donde lo aparentemente inamovible —la calma, la rutina de la vida cotidiana— comienza a resquebrajarse, permitiendo que el caos se filtre hasta disolver toda certidumbre. Ese caos emerge cuando lo conocido se vuelve extraño, cuando los márgenes del mundo se desdibujan, se confunden los sentidos y los personajes experimentan la desposesión de sí, absorbidos y transformados por fuerzas que exceden las suyas.

Uno de los núcleos más inquietantes y sugestivos del libro es la representación de la naturaleza como una potencia predatoria. Lejos de funcionar únicamente como artífice de encanto o como víctima, lo natural aparece también como entidad que somete sin piedad, ajena a cualquier patetismo humano y a los valores trascendentes que suelen pretender distinguir el bien del mal. Entre estas presencias se advierten figuras zoomorfas que amenazan el orden humano, así como espíritus del agua, fuerzas implacables o seductoras imágenes convocadas por duendes y seres del bosque. Todas ellas conforman un folclore latinoamericano atravesado por ecos antiguos, que generan una tensión fascinante, la atracción hacia aquello que no puede ni debe poseerse, lo que hiere no sólo por su capacidad de daño, sino por la belleza rebelde —a veces grotesca— de ciertos personajes femeninos que se deleitan en la evasión, el ejercicio de su voluntad y su resistencia.

Desde hace mucho tiempo, la representación cultural de la mujer se ha enmarcado, muy frecuentemente, en la subordinación a una masculinidad que rige entornos violentos y competitivos. Tal principio se manifiesta en dos polos que conviven dentro del mismo imaginario narrativo, por un lado, lo femeLeer más

Petite Maman

Por Sergio E. Cerecedo

 

Entre las búsquedas y párrafos que le hemos dedicado a las películas de terror y fantasía con el motivo de la temporada de festejos a los difuntos y de recordar la mitología de nuestros países, quise dar una pausa a manera de bonus track, para ahondar en una película que también aborda el tema de quienes ya no están y de las partes del ser que también se han ido con el tiempo, recordando a la familia como un núcleo de apoyo más allá de los cánones sociales e institucionales y también con el grado de irrealidad que a veces nos gusta tanto enfocado en el deseo de conocer más de nuestros seres queridos con quienes compartimos tiempo limitado.

 

Es notable la primera secuencia donde seguimos a una niña en una habitación de un asilo de ancianos, ella ayuda a la anciana que habita ese cuarto a resolver un crucigrama, después se despide y se mueve al cuarto de al lado a despedirse también de otra señora y así sucesivamente, la cámara la sigue para finalmente llegar a un cuarto vacío donde permanece un momento antes de que su madre, que se encuentra guardando pertenencias de alguien ausente, le diga que tienen que irse. En los primeros minutos ya tenemos una muestra sutil y contundente de la ausencia y el camino para paliar lo que deja en la vida de quienes estaban cerca de ese ser que se ha ido.

 

La abuela falleció, y ahora Nelly y sus padres deben ordenar y escombrar la cLeer más

Análisis de la cinta “Frankenstein” | Sobre la importancia de nombrar la visión femenina en la literatura moderna  

Por Carmina Cardiel

 

Recientemente se estrenó en la plataforma digital más popular en LATAM y algunos cines independientes, la última obra maestra —dicen— de Guillermo del Toro: Frankenstein. La crítica le ha dado grandiosos créditos por el maquillaje y porque Quizá no sorprenda que Guillermo del Toro sea el primero en querer sacar a la creación de los sótanos del horror bizarro (…), pero demuestra su interés por humanizar el horror, llevándolo por un camino más cercano a la fantasía. Señala la Revista Rolling Stone, pero ¿Estos créditos verdaderamente habrían sido posible ser añadidos a Del Toro sin la mente creadora de su autora? ¿Por qué nadie habla de Mary Shelley como la alquimista del horror humano y quien vio como centro de partida y llegada a la humanidad?

 

Mary Shelley

Marry Wollstonecraft Shelley nació en Londres en 1797 y fue hija de la filósofa feminista Mary Wollstonecraft, autora de Vindicación de los derechos de la mujer. Su padre fue William Godwin, filósofo político y uno de los precursores del anarquismo. Hablar de Mary Shelley supone hablar del mundo basto y complejo de ideas en el que la novelista fue socializada.

El hogar de Mary era un lugar donde entraban constantemente escritores, científicos, reformistas y extranjeros politizados. Esto marcó su educación, pues aprendió a pensar críticamente desde niña. Creció leyendo literatura filosófica más que textos escolares y ella no acudió a la escuela; su “salón” fue su casa, la herencia de su madre y de su padre. A pesar de que su padre constantemente estaba más preocupado por cubrir deudas que de ser un padre presente, Mary estuvo marcada por las ideas de su madre, quien creía en la educación igualitaria, la libertad sexual y la autonomía de las mujeres.

Mary siempre sintió un rechazo social en medio de una época complicada como lo fue la victoriana, en donde la moral jugaba un papel muy importante dentro del entorno social de la burguesía de la época. Por un lado, estaban en apogeo las ideas revolucionarias francesas: libertad, derechos, secularismo. Por el otro, un fuerte conservadurismo moral tras la revolución francesa, la reacción social contra el radicalismo político, las restricciones severas sobre las mujeres y su rol social, el matrimonio como institución sacrosanta, las nuevas teorías científicas (galvanismo, anatomía, electricidad), y el cuestionamiento de la religión y de la autoridad. Mary creció entre esos dos polos: Educada para ser libre y racional en un mundo que castigaría duramente cualquier conducta “irregular”, y ella era esto último.

 

Cuando Mary inicia su relación con Percy Bysshe Shelley en 1814, rompe con todas las normas sociales: Él era un poeta radical, ateo y casado. Ella tenía 16 años, pero se monta en las alas de la vida para recorrer un camino lleno de dicha y creatividad, aunque también de muerte, aislamiento social y pobreza itinerante.  Este es el contexto justo que la inspira para la creación de —a mi muy personal punto de vista— la mejor novela de ciencia ficción —no ficción— de la historia humana: “Frankenstein”. Un personaje que nos habla sobre la marginalidad humana en medio de un mundo desolador que no es capaz de comprender el fondo del mar del devenir humano, un personaje sin lugar moral en la historia humana, un personaje que nos arroja a la cara el rechazo de la sociedad ante lo “no normativo” o lo anómico, desde un punto de vista sociológico.

 

Frankenstein

Antes de que el positivismo permeara con su rigidez y cuantificación la mirada científica de la investigación social, era común que en las mesas de discusión académica se plantearan temas sobre la condición del alma antes de poner por escrito lo que significa ser humano. Así que la Ciencia, la filosofía y la revolución, fueron el caldo de cultivo donde se creó Frankenstein.

Por otro lado, Mary estuvo marcada fuertemente por la muerte: su madre murió a los pocos días de alumbrarla, antes de que cumplieran tres años, tres de sus cuatro hijos perdieron la vida, su media hermana se suicidó, la esposa de su pareja también se suicidó, varias de sus amistades perecieron antes de los 25 años y Percy, el amor de su vida partió del plano terrenal a los 29 años. La melancolía del personaje principal de la novela no es casualidad, así como no lo es el entorno frío y oscuro en el que se desenvuelve la historia más triste escrita hasta ahora. Pero también es importante mencionar que el personaje no sólo tiene estas características humanas, sino que además atraviesa una profunda reflexión filosófica sobre el Self, la crítica social de la época y, por supuesto, la creación literaria de enorme potencia que la novela supone a través del autodescubrimiento de aquella criatura aterradora.

Mary expone en un cuerpo infrahumano los parches del dolor que azotan al mundo de su época, y es que ¿Qué es la humanidad como entidad sobreviviente al ser humano como individuo y no como un todo? Esa es una pregunta obligada después de leer la novela, pienso. El personaje al que da vida el Dr. Víctor Frankenstein queda expuesto como una cosa, pero jamás como un humano y en este sentido ¡Es monstruoso! Esta sentencia me obliga a repensar entonces: ¿Qué estudiamos los sociólogos y los antropólogos, y quizás los historiadores, si no a este monstruo a disposición del lente científico social partiendo del hecho como cosa?

Sartre tiene una frase que me gusta mucho y se acopla muy bien al análisis de hoy: SOMOS LO QUE HICIERON DE NOSOTROS.  Así pues, es como podemos comprender al incomprendido personaje de Shelley: la humanidad crea todo el tiempo escenarios, ideas, realidades de las que no se quiere hacer cargo una vez que ha visto los resultados, o sea las consecuencias de sus actos.

El monstruo aprende de una familia de campesinos todo lo que debía aprender y que no es complejo, aunque la mente humana siempre lo ve así: trabajo, cuidado, amistad, educación, pero sobre todo la carga moral entre el bien y el mal. Él aprende que los cazadores no odian al lobo, ni el lobo odia a las ovejas, sino que hay que aprender a sobrevivir o te van a matar. Esta parte es muy dolorosa porque así se comporta la humanidad. No existe bondad ni maldad, solamente autoprotección ante una amenaza que dura toda la vida: la sobrevivencia. Finalmente, lo único certero en la vida de la humanidad es la muerte. Y es de llamar la atención cómo Shelley tuvo esa capacidad para comprender de manera sensible algo que jamás va a morir mientras la humanidad exista, la consecuencia de ser humanos: El monstruo que creamos jamás perece.

Así pues, es que podemos entender las guerras, el hambre, las descomposición del tejido social, el asesinato, las violaciones, la traición, la condición humana más baja: las pasiones. Nada de eso existe sin nosotros, son meras consecuencias de lo que creamos, de lo que ambicionamos, de lo que creemos que es correcto haciendo caso al impulso, más que a la razón o a las emociones canalizadas.

 

Shelley en la mirada social y luego en la de Del Toro

Casi dos siglos después de la creación de Frankeinstein, llega una mujer que también habla sobre la condición humana de una manera más teórica-política y formal: Hanna Arendt, para quien este término deriva en: 

  • Labor: lo que mantiene la vida biológica.
  • Trabajo: lo que fabrica objetos duraderos, artefactos, “mundo”.
  • Acción: lo que ocurre entre seres humanos en pluralidad: lo político.

En Frankenstein, la creación del monstruo es un acto que debería pertenecer al trabajo (fabricar algo artificial), pero Víctor lo ejecuta como si fuera labor: es algo obsesivo, biológicamente impulsado, sin reflexión ética, casi automático y vomitivo/catártico.

Lo que Shelley muestra es que Víctor confunde los niveles de la actividad humana, exactamente el tipo de confusión que Arendt ve como peligrosa en la modernidad: la técnica invadiendo espacios propios de la acción humana y del juicio político.

El experimento de Víctor, al carecer de un marco de responsabilidad y deliberación (acción), se convierte en la raíz de una catástrofe moral y social. Esto se contrapone con la idea de Arendt sobre la acción humana, cuyas características son: ocurre entre personas, implica responsabilidad ante los otros, depende de la pluralidad, es decir, del hecho de que vivimos con otros y somos vistos por otros. Y bueno, Víctor crea, a partir de su ambición por el reconocimiento fantasmal de su padre, a un ser monstruoso que va más allá de lo humano y lo infrahumano, no se hace responsable social ni moralmente.

Ante estos hechos contrastados, podríamos entonces observar cómo hay cambios en las implicaciones morales y éticas de un siglo a otro en una sociedad de constante cambio como lo es la occidental. Pero también es de llamar la atención cómo esos supuestos cambios se reúsan a la acción y siguen teniendo forma aún hoy, después de transformaciones sociales y siglos de diferencia.

Jamás hay que olvidar que Frankenstein salió a la luz pública bajo un “Anónimo” porque para la época de nuestra adelantada Mary era mal visto que las mujeres escribieran, pues este ejercicio implica acciones moralmente mal vistas para una mujer (incluso a la fecha): juergas, alcohol, risas grotescas y un submundo de las características del mundo de los hombres. Sin embargo, creo firmemente que Guillermo del Toro logró captar la sensibilidad de Shelley y adaptó perfectamente la complejidad de una mente brillante que fue azotada por las limitaciones sociales de su época. Por ello también pienso que finalmente Frankentein no es una obra que denote romance desde la mirada de Guillermo, sino que, por el contrario, el hombre supo sacar a la luz con melancolía lo que es el amor/desamor apartado de un constructo romántico y lo hizo más bien humano.

La mayoría de las adaptaciones que ha tenido la obra siempre vienen de los masculinos, acto que me conmueve y me implica incomodidad hasta cierto punto, pues creo que Shelley gritó con toda la fuerza de sus pulmones cómo se sentía ante tantas pérdidas no sólo humanas, sino auto perceptivas a partir de su época. Fenómeno que con frecuencia ocurre en el mundo de las mujeres.

 

 

 

Bibliografía.

  1. Shelley, M. (1980–1997). The letters of Mary Wollstonecraft Shelley (B. T. Bennett, Ed.; Vols. 1–3). Johns Hopkins University Press.
  2. Fernández, José Luis, (2025), “Crítica: ‘Frankenstein’, de Guillermo del Toro”, en The Rolling Stone, https://es.rollingstone.com/arg-critica-frankenstein-de-guillermo-del-toro/
  3. Arendt, H. (2005). “La condición humana” (R. Gil Novales, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1958).
  4. Arendt, H. (1961). Between past and future. Viking Press.

 

 

Huesera. Los fantasmas crepitantes de las decisiones

Por Sergio E. Cerecedo

 

Nuestro país es rico en muchas cosas, dos de ellas las puedo decir sin dudar: leyendas sobrenaturales y problemáticas sociales. En mi trabajo, en las carteleras de los cines, en las pláticas con mis amistades puedo ver que se vienen muchas películas de terror basadas en leyendas, además de lo ya estrenado y exhibido en tiempos recientes; unas exploraciones más por el lado del gore, otras por lo psicológico, una gran variedad entre la que hemos encontrado filmes que además de que llaman la atención entre el público, también han generado mucha taquilla y mucho debate. Huesera, de Michelle Garza Cervera, consiguió ser vista por mucha gente y polarizar las opiniones en años pasados, por ello vale la pena desmenuzar sus valores de producción y su exploración del tema de la maternidad y los dilemas que conlleva para el interior de las emociones de una mujer, especialmente en nuestro contexto sociocultural.

 

Valeria (Natalia Solián), una artista plástica y diseñadora que trabaja con madera, recibe la noticia de su embarazo con alegría, pero es la menos alegre de entre su círculo; Raúl (Alfonso Dosal) se desborda entre sonrisas y busca todo el tiempo proteger al futuro nuevo ser; los papás y hermanas de la futura madre ven cumplido el compromiso y sacramento para el que piensan que ya se había tardado. Y dentro de esta víspera de una anticipada y algo impuesta felicidad, un día Valeria empieza a sentirse acechada por una entidad que parece ser una mujer de cabello largo a la que difícilmente se le ve el rostro y que golpea, incendia y le hace averías que nadie cree que suceden y que paulatinamente le van alejando de sus seres queridos, preguntándose también por su pasado, su ser, deseos y la valía de aquellos aspectos, el sentido de su vida; al mismo tiempo que busca sobrevivir y proteger a su hija de todo esto, con la dificultad que conlleva hacerse cargo de un bebé en momentos emocionalmente difíciles y con poca comprensión alrededor, aunque parece tenerla un poco de una tía y su grupo, mujeres cercanas a la santería y prácticas similares.

 

Un gran acierto del planteamiento es la decisión del tono de body horror que nos recuerda que dentro de esos miedos y afecciones a partes del cuerpo, no solo se encuentran aquellos órganos que pueden ser desmembrados o mostrados con mucha sangre, sino también los órganos que representan a la mente si somos menos metafísicos y más terrenales, hablamos del cerebro y, por ende, del sistema nervioso; hay un cuerpo que atormenta porque hay una mente que lo alimenta , y esa es una idea muy interesante y bien contextualizada.Leer más

Pepe Mujica o el sentido común de un revolucionario íntegro

Por Aníbal Fernando Bonilla

José Mujica Cordano (1935-2025) se convirtió en una figura preeminente de la izquierda latinoamericana y mundial. Tal consideración no es gratuita si se toma en cuenta su huella y legado de absoluta coherencia ideológica. La primera palabra que se me viene de él es la sencillez. Y tras ese término: honestidad. Porque no cabe duda de que Mujica fue un hombre de una inmensa transparencia en su decir y en su quehacer. Exguerrillero que supo fajarse en contra de aquella tiranía dictatorial que se mantuvo como fantasma en los 70 y 80 en el Cono Sur. Aunque su inquietud política arrancó a los 14 años desde el anarquismo. Ya en los 60 se enrumbó en filas tupamaras de gestación clandestina, con una clara orientación marxista. Su militancia en el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) le costó a la larga casi 15 años de cárcel. Dentro de los calabozos sintió todo el peso y el rigor de las botas militares, a través del aislamiento y la tortura, llegando al borde de la locura.

 

Pero Pepe Mujica (como se lo identificó popularmente) desde su autenticidad fue capaz de sobrellevar los obstáculos expuestos en el camino, y desde el encierro apoyó entusiastamente la unidad de la izquierda de su país, Uruguay, con la fundación del Frente Amplio (1971). Esto implicó un enorme grado de madurez para entender que las condiciones objetivas impedían un alzamiento en armas y que, por tanto, los tupamaros se sumaban a un proyecto político desde la vía democrática. Mujica al salir de su encierro en 1985 dijo: “Hay una concepción de la vida que va más allá de un esquema de ideas políticas, hay una manera peculiar de mirar el mundo. Aprendimos en la orfandad de los calabozos… con qué poco se puede ser feliz […] aprendimos en todos estos años que la dureza con nosotros mismos es la mejor fuente de ternura para los demás”.

 

Desde las libertades invocó a la conciliación, sin rencores ni venganzas, como contundente enseñanza de vida. En plena madurez de su trayectoria terció en elecciones para alcanzar un escaño de diputado, con la humildad y franqueza que lo caracterizaba. Luego fue ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, previo a su ascenso como presidente de Uruguay en el 2010, cargo que dejó a inicios de marzo del 2Leer más

En Acapulco continúa la búsqueda del líder ambiental afromexicano Vicente Suástegui

Por Ghana Hurtado P.

 

¿Cuántas personas afromexicanas desaparecidas hay en México? La falta de datos desagregados perpetúa las desigualdades en el acceso a la justicia de pueblos y comunidades tanto indígenas como afrodescendientes. ¿Las personas afromexicanas no son víctimas de desaparición forzada?

 

Acapulco, Guerrero. El pasado 27 de octubre, Vicente Iván Suástegui Muñoz cumplió 42 años y 1,544 días desaparecido. A la 1 de la tarde en la Parroquia de San Francisco de Asís de la Colonia Ciudad Renacimiento, familiares, amigos y periodistas honraron el aniversario de Vicente con una misa.

 

La Fiscalía del Estado de Guerrero responde a la petición de justicia con una estrategia de desgaste y crueldad. Hay inculpados, pero también prófugos. Hay declaraciones que afirman que Vicente fue ejecutado y abandonado en un sitio, pero también hay restricciones para realizar búsquedas en lugares invadidos por grupos delictivos. Hay una promesa de justicia, pero también hay procesos que no se cumplen. Hay medidas cautelares, pero también hay dos crímenes no resueltos: el asesinato de Marco Antonio Suástegui Muñoz —hermano de Vicente— y la desaparición forzada de Vicente.

 

“En cualquier caso de desaparecidos siempre la familia tiene que salir adelante por el Estado sumiso de esta situación”, declara Rogelio Teliz, abogado del Centro de Derechos HumLeer más

Mientras hablar sea gratis

“Viene por nosotras”

Por jaazia

 

No entiendo muy bien qué está pasando en el mundo, no entiendo por qué está pasando lo que está pasando, no sé si valga la pena buscar teorías del porqué, pero entre todas las cosas que están pasando se ha perdido la bonita costumbre de avergonzarse de ser facho, de ser de derecha, de ser conservador, de ser macho (un par de añitos nos duró).

 

Vienen por todas nosotras. No quiero ser fatalista, ni asustar a las compas, pero considero necesario dejar una advertencia, porque nosotras (todas las que no somos un varón blanco heterocis) siempre corremos el riesgo, es un recordatorio de que nosotras nunca podemos dar nada por ganado.

 

Sí, tenemos una presidenta con A ¡Qué maravilla! De izquierda ¡wow! ¡Somos una referencia de la justicia social para nuestrxs hermanxs latinoamericanxs! Sí, claro, se viene el tiempo de las mujeres, con todos los cuestionamientos, válidos, que se hacen a estos discursos. Pero no podemos hacer caso omiso a lo que está pasando alrededor del mundo, incluso al interior del país, unos pelados queriendo reforzar los estereotipos de género y demás.

 

Sí, las luchas de las mujeres y las disidencias han conseguido un montón de cosas en los últimos años (y las que nos faltan por conseguir, cositas muy básicas como que dejen de matarnos), pero hay que plantarnos en la realidad histórica, cuando las cosas se ponen feas, por las primeras que vienen es por nosotras.

 

Por nosotras me refiero a nosotras, las mujeres, las disidencias. NosoLeer más